Traducción

Tu voz en la Sala de Quimio

Hay un acantilado de rocas blancas sobre un declive
cortado por árboles desnudos.

En mitad del acantilado hay una fuente seca y redonda
de piedra pulida. Se me encalambra todo el cuerpo

mientras  aprieto la mano para poder abrir
la fuente hacia un sumidero, al hacerlo, en el fondo se revelan

el cielo, los árboles, un terreno marrón inestable.
Así funciona mi corazón, ¿vez?

¿Es así como funciona el amor? Tengan algo de compasión
por los terribles espasmos que me produce

Los sentidos

Todo me parece tan agradable,
el gorro de lana,
el capullo de sequía en la garganta.

El crepitar de vegetales que se queman
es como un hombre sobrio
y silencioso que dobla sábanas.

Pero sigo teniendo pensamientos:
que siempre acorralan al siguiente
hasta que se avinagran en una
imagen alterna de disgusto,
que goza cuando la piensan,
otra pera, horrenda
como la cabeza
de un hombre pensativo.

Tarde

Cuando estaba a punto de morir
mi cuerpo se puso alerta,
como cuando salgo de casa
sin billetera.

¿Qué me hace falta?
Pregunto buscando con la mano
en el bolsillo de la camisa
y me hace falta todo lo vivo
que no me acompañará
en esta tarde soleada.

Poema para mis crías

Insertaron mis genes en ratones, y no del modo inútil
como los genes antiguos del hombre reposan en las Bestias.

Los doctores fraccionaron mis tumores  y los insertaron
en los huesos de doce ratones. Les administramos

a los ratones una pócima venenosa, que yo podría necesitar en el futuro.
Vigilamos a cada ratón como si fuera una bola de cristal.

Deseaba que fuera perfecto, pero a veces la muerte del experimento
no funcionaba cuando la volvíamos a ensayar en mi cuerpo.

El durmiente del valle

Una hondura de verde donde canta un riachuelo
colgando  locamente de la hierba jirones
de plata; donde luce, en la montaña altiva,
el sol: un vallecito espumeante de rayos. 
Boquiabierto, un soldado joven, con la cabeza
desnuda con la nuca bañada en berro azul,
duerme; bajo la nube, extendido en la hierba,
pálido en verde lecho donde llueve la luz.
Los pies en los gladiolos, duerme. Sonríe como
Sonreiría un niño enfermo; se da un sueño;
Naturaleza, mécelo con calor: tiene frío.

Alientos

A  Charles Cassagne

Oye más a menudo
Las Cosas que los Seres
La Voz del Fuego se oye,
Oye la voz del Agua.
Escucha los sollozos del Arbusto en el Viento:
Es Aliento de ancestros.

El hospital y la cárcel... Un poema de William Ernest Henley (1849-1903)

Este título es, por supuesto, un homenaje a Daniel Santos, que en una famosísima canción latinoamericana menciona las puertas “abiertas a quien no tiene dinero”. La primera de ellas fue bien conocida por William Ernest Henley (1849-1903),  poeta inglés, contemporáneo y amigo de Robert Louis Stevenson, con quien trabajó en cuatro obras de teatro. Sufrió de tuberculosis ósea, por lo que le amputaron la pierna izquierda por debajo de la rodilla cuando tenía casi veinte años.

Un poema y una declaración de despedida de Stefan Zweig

En las primeras horas de la madrugada del 23 de febrero de 2012 se cumplieron setenta anos de la muerte voluntaria de Stefan Zweig en Petrópolis, cerca de Rio de Janeiro, Brasil. Además de un gran novelista, biógrafo y ensayista, fue gran amigo de Sigmund Freud, a quien debe mucho su capacidad de análisis psicológico de sus personajes. También fue amigo de Romain Rolland, de Rainer Maria   Rilke, de Hermann Hesse y otras personalidades de las letras en lengua alemana de las que se sentía afín.

Mesa 1

Solo esta mesa es cierta, pesada, de sólida madera.
En ella estamos celebrando al igual que otros antes
lo hicieron.
Bajo el barniz siento el toque de otros dedos.
Todo lo demás es incierto. También nosotros,
que en un momento
Surgimos, asumiendo la forma de un hombre
o una mujer
(¿Por qué una cosa o la otra?), en predestinados
trajes.
La miro fijamente, como por primera vez
Y a él y a ella. ¿Para poder evocarlos en cualquier
Reino sobrenatural?

En Varsovia

¿Qué estás haciendo allí, poeta, sobre las ruinas
De la catedral de San Juan este soleado
Día de primavera?

¿Qué estás pensando aquí, donde el viento
Que sopla desde la Vístula dispersa
El polvo rojo de los escombros?

Tú juraste nunca ser
Un doliente de rituales.
Tú juraste nunca tocar
Las hondas heridas de tu nación
Para no sacralizarlas
Con la execrable santidad que persigue
A los descendientes durante muchas centurias.

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