Traducción

Ejercicio

Hacia una aldea tras el frente
Caminaban cuatro artilleros
Estaban cubiertos de polvo
De la cabeza hasta los pies

Miraban la vasta llanura
Mientras hablaban del pasado
Y casi  no  volvían la cara
Cuando tosía algún obús

Eran de la Siete y hablaban
Del ayer no del porvenir
Así se alargaba la ascesis
Que los entrenaba a mori

Besos olvidados

¿Quién cuenta nuestros besos,
a quién le importan?
La gente atiende a duelos y a negocios,
Dios a crear el mundo...
Y al olvidar los besos, su multitud rosada
nos va cayendo al fondo del alma, como pétalos
de rosas hermosísimas y tiernas...
Yacen allá, y en estrechez ahogada
rezuman sus esencias de dulzura,
cada noche y cada aurora nos perfuman,
y la otoñal pobreza de la vida ordinaria
se vuelve un país rosa, un Gulistán de Persia.
¿Quién cuenta nuestros besos?
¿A quién le importan?

La invitaciónn al viaje

Mi niña, mi amor,
¡sueña en el dulzor
de ir allí a vivir contigo!
¡Amar a placer,
amar y morir
en país dulce y amigo!
De su sol mojado
en cielo nublado,
tiene para mí el encanto
traidor y secreto
tu mirar inquieto,
brillando a través del llanto.

Allá  todo es plenitud,
lujo, calma y lasitud.

La joven Tarentina

Llorad, dulces alciones, oh pájaros sagrados,
A quienes Tetis ama, llorad, dulces alciones.
Que ya no vive Mirto, la joven tarentina.
Una barca la estaba llevando a Camarina.
Las canciones, las flautas, la boda, lentamente
Debían conducirla al seno de su amante.
Una llave celosa guardó en esa jornada
En un cofre de cedro sus atuendos de boda,
el oro que en la fiesta sus brazos ornaría,
los perfumes mezclados para su cabellera.
Pero sola en la proa, invocando una estrella,
El impetuoso viento que soplaba en la vela

Soneto 42

De los Sonetos para Helena, libro 2

Cuando estés ya muy vieja, de noche, junto al fuego,
devanando e hilando  a la luz de una vela,
mis versos cantarás. Dirás maravillada:
Ronsard me celebró los días que fui bella.     

Y no tendrás sirvienta que al oír tales nuevas,
tras la ruda labor a medias ya dormida,
al escuchar mi nombre no despierte y bendiga
tu nombre alentador de elogios inmortales.

Elegía por Ernest Hemingway

Ahora por primera vez en la noche de tu muerte
Tu nombre se menciona en conventos, “ne cadas in
obscurum”.

Ahora al sonido de una verdadera campana, tu historia
Llega a su final. Ahora,
Hombres en monasterios, hombres de réquiems, familiarizados con
La muerte, te incluyen es sus oficios.

Te levantas anónimo entre miles, esperando en
La oscuridad de grandes estaciones en los confines de paises
Conocidos solo por el que ora, donde los fuegos, esperamos,
No son despiadados y no carecen de fin.

Afinidad íntima

Mientras iba hacia tu casa para festejar el amor,
Vi en una esquina
A una anciana mendiga.

Tomé su mano,
Besé su delicada mejilla
Y hablamos.

Sentí su afinidad íntima conmigo.
Éramos de la misma especie.
Lo sentí de inmediato
Igual que un perro
Reconoce por su olor
A otro perro.

Le di algo de dinero.
No podía separarme de ella.
Después de todo, uno necesita
A quien es tan cercano.

Y entonces ya no supe más
Por qué razón
Me dirigía hacia tu casa.

Testimonio

Algunas veces
La montaña
Se esconde de mí detrás de un
Velo de nubes.
Algunas veces
Soy yo quien se esconde de la montaña,
Detrás de un velo de distracción, apatía o fatiga,
Cuando olvido o cuando me niego
A bajar a la playa, o a salir unas pocas yardas
Al camino, en un claro día
Para dar testimonio de su presencia.

Gansos salvajes

Tú no tienes necesidad de ser bueno,
Tu no tienes que cruzar de rodillas el desierto, arrepintiéndote.
Solo tienes que dejar que el dócil animal de tu cuerpo
Ame lo que ama.
Háblame acerca de la desesperación, la tuya, y yo te contaré de la mía.
Mientras tanto el mundo sigue andando.
Mientras tanto el sol y los claros guijarros de la lluvia
Van surcando el paisaje,
Sobre praderas y hondos valles,
Sobre montañas y ríos.
Mientras tanto  gansos salvajes, arriba en el limpio cielo,
Se dirigen de nuevo a casa.

No puedo ayudarte

Pobre polilla, no puedo ayudarte
Solo puedo apagar la luz.

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