Traducción

El arcón del ajuar

Cuando cierro los ojos aparece una llave blanca.
Pero tal vez sea una caja, así que no debo apretar.

Los lados son color azul ostra, pero no puedo saberlo
sin  darle vuelta. El músico me dijo

que su hermana y él, lo rotularían Mañana en alemán
y pelarían los dientes y enseñarían las narices

como muestra de especial afecto. En la caja blanca
no va a decir Mañana en alemán. O ensalada canasta en latín.

Debe ser una escritorio desgarrador.
Allí dicen que formar parte de un secretro

Radiación en Nueva Jersey, convalecencia en Nueva York

Vengo del lugar en que la licuadora es la luna,
donde las habicuelas son el cuerpo y el sol,
donde la bolsa hermética impide a los amantes
respirar el mismo anochecer
porque reposan en la piel del amor
de animal asesinado.

Vengo de un lugar en que el agua
es tan árida que cuando la bebes
los peces de la garganta fallecen,
produciendo una sed tóxica.

¿Qué hace una super heroína como tú
en un basurero como mi cama?

Esta noche no te leerán ningún cuento para dormir.
La narración podría matarte, pequeño Jesús.

El cielo es una floración mutua

Para V

Creo que ceguera y muerte se confunden.

Creo que las pupilas son un velamen,
y el viento de la muerte las desinfla.

El invierno, es tan blanco
que intenta hablarme
en la comunicación íntima de alguien
que piensa que la muerte son gusanos blancos
que carcomen la manzana del ojo.

Crees que la muerte llega cuando cesa el tacto.
Eres un bulbo florecido
que hasta en la tierra invernal siente:
la frialdad convertida
en cuerpo de sensación terrena.

Reseña sobre la obra de Max Ritvo

Reseña de Lucie Brock-Broido publicada en el Boston Review (23 de septiembre de 2015)

Ejercicio

Hacia una aldea tras el frente
Caminaban cuatro artilleros
Estaban cubiertos de polvo
De la cabeza hasta los pies

Miraban la vasta llanura
Mientras hablaban del pasado
Y casi  no  volvían la cara
Cuando tosía algún obús

Eran de la Siete y hablaban
Del ayer no del porvenir
Así se alargaba la ascesis
Que los entrenaba a mori

Besos olvidados

¿Quién cuenta nuestros besos,
a quién le importan?
La gente atiende a duelos y a negocios,
Dios a crear el mundo...
Y al olvidar los besos, su multitud rosada
nos va cayendo al fondo del alma, como pétalos
de rosas hermosísimas y tiernas...
Yacen allá, y en estrechez ahogada
rezuman sus esencias de dulzura,
cada noche y cada aurora nos perfuman,
y la otoñal pobreza de la vida ordinaria
se vuelve un país rosa, un Gulistán de Persia.
¿Quién cuenta nuestros besos?
¿A quién le importan?

La invitaciónn al viaje

Mi niña, mi amor,
¡sueña en el dulzor
de ir allí a vivir contigo!
¡Amar a placer,
amar y morir
en país dulce y amigo!
De su sol mojado
en cielo nublado,
tiene para mí el encanto
traidor y secreto
tu mirar inquieto,
brillando a través del llanto.

Allá  todo es plenitud,
lujo, calma y lasitud.

La joven Tarentina

Llorad, dulces alciones, oh pájaros sagrados,
A quienes Tetis ama, llorad, dulces alciones.
Que ya no vive Mirto, la joven tarentina.
Una barca la estaba llevando a Camarina.
Las canciones, las flautas, la boda, lentamente
Debían conducirla al seno de su amante.
Una llave celosa guardó en esa jornada
En un cofre de cedro sus atuendos de boda,
el oro que en la fiesta sus brazos ornaría,
los perfumes mezclados para su cabellera.
Pero sola en la proa, invocando una estrella,
El impetuoso viento que soplaba en la vela

Soneto 42

De los Sonetos para Helena, libro 2

Cuando estés ya muy vieja, de noche, junto al fuego,
devanando e hilando  a la luz de una vela,
mis versos cantarás. Dirás maravillada:
Ronsard me celebró los días que fui bella.     

Y no tendrás sirvienta que al oír tales nuevas,
tras la ruda labor a medias ya dormida,
al escuchar mi nombre no despierte y bendiga
tu nombre alentador de elogios inmortales.

Elegía por Ernest Hemingway

Ahora por primera vez en la noche de tu muerte
Tu nombre se menciona en conventos, “ne cadas in
obscurum”.

Ahora al sonido de una verdadera campana, tu historia
Llega a su final. Ahora,
Hombres en monasterios, hombres de réquiems, familiarizados con
La muerte, te incluyen es sus oficios.

Te levantas anónimo entre miles, esperando en
La oscuridad de grandes estaciones en los confines de paises
Conocidos solo por el que ora, donde los fuegos, esperamos,
No son despiadados y no carecen de fin.

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