Poemas

Variaciones acerca de un poema de amor

1

he tratado de escribir un poema de amor
pero los poemas nunca dicen lo que uno quiere decir
o puede que digan exactamente lo que uno quiere decir
y lo que no sabemos es qué es lo que tratamos de decir

2

si digo tú me refiero a ti
pero cuando escribo tú
ya no me sigo refiriendo a ti
sino más bien a un tú platónico
que tiene que ver más conmigo
que contigo

3

Anoche soñé que era un DJ

Llamo por teléfono a Miguel y le pregunto
si piensa que me iría mejor de DJ o como poeta
y Miguel responde que siga como poeta.
Mi novia también dice que como poeta.
El hermano de mi novia dice que como poeta
y una jevita que hacía una fila en el cine y que recién conocí dice que como DJ.

Las menores me ven más como DJ
y las mujeres que compran en el supermercado
dicen que persista con los poemas.

La felicidad del odio

Creí ver en tu sombra
un animal dormido: somos hermanos
mutilados
del hambre y la tecnología.
Así la historia: nada nos queda
más allá de este odio cuyo calor
establece las distancias
necesarias
con la muerte.
Es algo similar
al carnoso paladar
del místico
ante la nada: la almendra del vacío.
Odiar, por ejemplo,
el peso de la estatua
sin la cual el espacio
no sería espacio. Odiar
sin temor
el sonido de la hierba
mientras un cuerpo leve
la pisa. La felicidad del odio

Breve historia del bodegón

La muerte toma siempre la forma de la alcoba
que nos contiene.
Xavier Villaurrutia

 

1.
 

Una botella sobre la mesa y junto a ella
un rollo de papel de cocina.

Valorar los vacíos que el espacio abre
en la composición visual de la página,

como si la página fuese
la superficie rectangular de un cuadro, o bien,

dedicarse a anotar las palabras, las sílabas, las letras,
todo aquello que en condiciones normales

Odias la poesía

(Gamoneda revisitado)

Odias la poesía, dices, pero me amas,
y entonces recuerdo aquello de «la justicia
de las cosas, es decir, la poesía de las cosas»
y reímos mientras acaricio tus pies
pequeños y perfectos, y olisqueo tu nuca
que huele a arena, perfume y sal. Cierras los ojos
y suspiras.
Luego, ya en la cama, busco de nuevo tu aliento,
esa breve señal entrecortada de tus hombros
—la piel en guerra—
que me hace saber que tu cuerpo y el mío
comulgan húmedos y exactos al fin.

El agua, de arriba...

El agua, de arriba y de abajo, se reúne,
entre alas y ramajes, dispuesta a ser bebida;
el barro, que acabará siendo fruto,
todavía dormita indiferente al borde del camino.
¿Qué vibra en la hierba, qué se ciñe
al grosor de la antigua profecía en tubo,
fino conducto abierto en la trama
de tierra y cielo, suma de fronda y bandada?
¿A qué llamar hermoso, a qué erróneo,
dónde sopla el Este, con qué retardo o premura
si el viento parece venir de todas direcciones
y, en su espesor y altura, algo parecido al sueño

¿Qué busca el pez...

¿Qué busca el pez en el fondo? Revuelve
con su trompa el barro. ¿De qué luz
dispone, allá abajo? ¿De qué luz
dispone si hasta allá abajo no llega
ni un poco de luz? Escarba,
en lo profundo, en lo oscuro,
en el silencio. ¿Qué busca,
qué cosa busca, allá
en el fondo, sin luz que alumbre,
donde no se sabe si es día
o noche, bajo
el peso del mar que lo aplasta?
¿Tiene ojos? ¿No los tiene,
es ciego? Revuelve,
escarba, en el barro.
¿Qué busca? ¿Busca algo?
¿ O sólo es costumbre,

Humo, hojas...

Humo, hojas, humo de las hojas
que ardían, en el mediodía fugaz, eterno.
Allí, entonces, dijiste y dije,
como si el último juicio se acercase
y quedara sólo una última instancia
antes del trueno y la trompeta.
Dijiste: Todo esto es un mal sueño,
muslo de niño traspasado por el filo de una sombra.

Dije: Pero, ¿y la huella de los pies
en el barro, las tazas llenas
que nos aguardaban, las sábanas vacías,
que nos aguardaban, horas
en que, húmedos y desnudos,
fuimos el reverso del ángel,

La amada le dice...

La amada le dice algo al amante en el oído.
El amante le responde con una sonrisa.
La escena transcurre lejos, tan lejos que parece que la soñáramos.
Tal vez la soñamos mientras afuera es de noche
y en todas partes se abren ojos que fosforecen.
Sueño o no, tiene que haber una casa
donde ellos habitan como habita en ellos el deseo.
Creo adivinar qué le dice la amada al amante.
Palabras que harían huir a Dios si las pudiese oír
y atraería a los dioses como moscas a la miel.
Pero fuera de ellos ninguno es digno de esas palabras.

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