Poemas

a la intemperie

si volviera, ahora.
si de pronto
escuchara su voz entre los gritos
si viniera a mí con su sonrisa pálida
con ese débil deambular por la calle querida.

si me viera ahora
apoyada aquí, en el silencio, a oscuras,
con las teclas en blanco,
esperando una señal translúcida,
un signo,
que me permita sacar las manos de la madriguera,
los pasos de este camino áspero
donde el amor yace desnudo, a la intemperie,
resistiendo la muerte
frente al sol arrogante de febrero.

A...(sorprise)

me tengo que ir me están esperando te quiero mucho pienso en vos todo el día cuando caminamos por el pueblo a las siete de la tarde pienso en vos y pienso en vos a la mañana cuando me despierto o mientras almorzamos milanesas con ensalada mojo el pan y ahí también pienso en vos pero ahora me tengo que ir están afuera sentados en la escalerita del cyber esperando porque todavía tenemos que ir a hacer algunas compras para la noche como cerveza y otras cosas ellos por ejemplo necesitan llevarse muchos cigarrillos porque después allá no hay nada cerca imaginate ayer pasó una moto muy rápido por

Dile a mi abuelo...

dile a mi abuelo
que los nazis se han retirado
pero dile también
que estallan ahora bombas lejanas
y caen en los campos
rubios entre el maíz.
dile que los rojos
abandonaron la ciudad
y nadie cree
que vayan a volver.
a lo sumo dile
que el zoológico está vacío
o pregúntale si aún recuerda
la angustia del espacio reducido.

Papelitos de locura

estaban tirando
papelitos de locura
así que todos íbamos caminando entre
papelitos de locura
algunos
papelitos de locura
estaban escritos
pero otros
no
simplemente
estaban en blanco
después de un rato
llegamos al barrio
nos subimos a las bicis
y a medida que pasaba el tiempo
pasaba también el paisaje
por adelante de mí
ahora
por ejemplo
pasaba una casa de tejas rojas
y piedras a la vista en el frente
una casa tipo chalet
según se dice

Enero de 2014

Noche de trenes sanmartín
Helicópteros.
El rumiar fluido del tránsito sobre el puente.
La luna fina y filosa.
Las estrellas sorprendentemente presentes.
Silencio y el eco de una charla.
Cosas que van quedando.
Helado el llanto de un perro.
Tu coche entapizado en oro, orito.
Negros altos buscando refugio a la sombra de los edificios.
Bromas de agua.
La fila de botellas de cerveza bajo los estantes.
Un libro azul y alargado.
Instantes iluminados de la mente frente al espejo del baño.
Tapo cielo con nube.

Bayoz

Yo soy una
      cascada,
         un salto
            de agua
                     g. i. g. a. n. t. e
                     caigo
                     ver
                     ti
                     cal
                     men
                     te
                     por el cauce
                     caigo
                     transparente y delgada
                     caigo
                     fuerte y ancha
                     caigo libre
                     caigo

Policiales

Mi cactus ha muerto
Mi escritorio ha recuperado soberanía.
Mi taza de té ha vuelto arrepentida a su antiguo lugar
pero las autoridades cactáceas sospechan que tengo en la mira
comprar otro cactus para asesinarlo.

Poema retrato

La casa es un escándalo femenino
un sufrimiento ordinario para las demás casas
de nombres comunes
sin terrazas

Es buena la humedad en nuestros rostros secos
porque el agua sube débil hasta el cuarto piso

y para calmar la sed de un gato y un perro
hay que darse prisa o seremos mordidos.

La casa es silencio
todos duermen para no escucharla
pero en realidad
nadie tiene ese talento.

Mi enfermedad / Ars Poética

Toso tan fuerte que podría expectorar mi corazón
mostrárselo a mis padres y convertir mi enfermedad
en un canto bermellón
en ganzúa
en poesía
Toso, se me infla la garganta
como los sapos
como los poetas
pero los cazadores ya no buscan poetas para sus extractos.
Toso, soy un sapo escuálido
toso
     toso
         toso
la fuerza viene de mi estómago débil y malcriado.
Toso, hago ruido. Escucho con atención a los ruidos experimentados.

Los que regresan

Nos pusimos en marcha cuando voló el último de los
zorzales. Yo hice en la tierra una marca con la punta
del pie.

Caminamos, todo el día caminamos. Éramos tres, cinco,
a veces nueve.

El más viejo de nosotros hablaba en voz alta pero sus
palabras no coincidían con lo que podíamos ver.

Cada uno llevaba sus señales y el cuerpo para
interpretarlas.

Ya bien entrada la segunda noche encendimos un fuego.

Pages

Subscribe to RSS - Poemas