Poemas

Lujuria

Le juró a su Dios amarla
sobre todas las cosas.
Yo sin saberlo
estaba sobre todas las cosas
con el toque agridulce
del infierno.

Crisis

Mis ojos brotan fuegos artificiales
El corazón impulsado de ansiedad
Sin calmantes de propina
Manos frías
Casi muertas
Pies sin ganas de dejar huella
Labios rotos en el olvido
Piel marcescible
el sol sigue saliendo
Y tampoco es invierno.

Bulimia

En cada bocado
Busco su atención
No puedo detenerme.

Las entrañas no soportan la presión
Y el llanto florece
En mi rostro invisible
Que sólo desea
Permanecer así
Mientras en cada bocado
Cae una lágrima.

Efímero

Quiero tener sexo con amor
Abrazarte mientras vibramos
Y dejar que la fricción
Moje mi espalda
al final
Un beso húmedo
Decida quedarse
Para otro encuentro
O si tengo suerte
Hasta lo eterno
Aunque sea efímero

La ventana

Procura vivir de suerte
que al final de la partida,
saques de la muerte vida.
(Anónimo)

Una ventana y nada más quisiera,
un fervoroso prólogo del vuelo,
que me instara a subir, con el modelo
de lo que se remonta en primavera.

Me bastaría sólo esa ligera
interrupción de muro y desconsuelo
para desvanecerme por el cielo
clara, sonora, libre, verdadera.

De tanto que la sueño, una mañana
encontraré en mi cuarto a la ventana
llamándome con luminoso grito.

Post mortem

Me miran con fijeza ya desierta
mis ojos, desde el cuerpo casi frío.
Acaba de arrojarme el pecho mío
cerrándose después como una puerta.
Sin embargo estoy viva, más despierta
que un filo, sin error, sin desvarío.
Qué espantoso llegar a este sombrío
descubrimiento. He muerto y no estoy muerta.
Quiero llorar con llanto y ya no puedo.
Lo que dudé era cierto: Estoy probando
que se acaba la sangre y no la vida.
Nunca podré morirme. Tengo miedo.
¿Quién con eternidad me está nombrando

Cada día, cada noche

Cada día
me levanto sin nombre,
y en la nuca
una sombra
tenaz, ajena, a filo,
me acusa desde siempre;
y la culpa
total, indescifrable,
entera, me usurpa,
no sé quién soy, me oculto, huyo,
y me pierdo extranjera.
Hasta sentir,
cada noche,
una luz
fiel, entrañable, mansa,
que vuelca desde siempre
río, libélulas, sol, trébol
en mi cabeza más lejana,
y le apoya
alguna, aquella mano;
y cuando empiezo a recordarme,
un ruido sucio, espeso,
de sombra,

La llovizna

Yo, con la vaga frente en la balada
y el talón en el musgo de los siglos,
yo, que inventé el otoño lentamente
y gris y lentamente soy su vino,
yo, que ya agonizaba cuando el hombre
me amó para nombrarme "la llovizna",
yo, que cruzando su durar lo nublo
de eternidad y de melancolía,
yo, que debo medir la soledad
entera, y desandar todo el recuerdo
y más, gris y lentamente el día
señalado asperjar el fin del tiempo,
yo, a veces, mientras limo tristes mármoles
y herrumbro amantes, pienso que en la tierra

Escriba sentado

No es necesario que cuentes nada:
puede leerse en tu piel el paso del tiempo,
la sorpresa del amor en tus ojos,
la de la muerte
en las palabras que no escribiste.

Cumpleaños

Dormía y el viento me ha dicho: Despierta.
Toda la noche sonó la cítara: ahora oigo
sus pasos felinos emprender el camino.
Todos los amigos se han ido ya, uno a uno.
He soñado con un río y un espejo de plata.
La vida me ha llevado por caminos extraños.
La cabeza me dice: tienes un año más.
El corazón: son diez los años que han pasado.
Bebo un trago y el vino me susurra:
eres veinte años más joven.
Hago la cuenta y lleno de nuevo mi copa.

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