Nuevas voces

Como no hablar de lo Íntimo.

A mi abuela, que es mi otra madre.

Mi abuela me cuenta de sus maridos muertos
y de las lilas que nunca sembró
lo hace con la dulzura de una niña comiendo mango.
Quisiera aceptar la muerte de esa manera
pero soy demasiado torpe.

 

Lo eterno

                                                     A Juan G.H.

Siempre
nos vamos a la cama
con el miedo
de que cuando despertemos
el mundo ya sea una ruina.

Soy esa criatura que cuelga bajo su propio sol

Tengo este cuerpo de criatura extraña,
innombrable y astuta
que tantas voces ha tenido.
En este cuerpo no solo se consumen
los astros y los miedos,
también en este cuerpo
se nace monstruo,
bestia,
perro o humano.
Tenía debajo de mi lengua la palabra,
pero la extravié.
También tenía bajo mis ojos el tiempo,
pero también lo perdí.
Soy esa criatura
que cuelga bajo su propio sol.

Tengo una herida en el rostro, es mi madre

Antes,
cuando tenía quince o algo menos,
me miraba al espejo
y encontraba los rasgos de nadie.
Era la hija de la mujer sin rostro
o quizás de la mujer sin nombre.
Hoy que mis ojos pesan un poco más,
que mis grietas
son mucho más largas y peligrosas,
me veo de frente,
espejo-persona,
y me doy cuenta que mi madre
se ha reposado en mí.
No solo tengo sus cabellos tristes,
también su boca llena de dolor,
de palabras a las tres de la mañana
y de humo fácil de odiar.

Soy

Soy uno,
con la suficiente tristeza en los ojos
como para deshojar un árbol
solo con mirarlo.

Tengo el horario absoluto
de un hombre que camina
sin tiempo ni distancia.

Y amo a la noche.
Sí, la amo como a mi alma.
Quizás porque mi alma sufre
de soles abandonados.

Soy uno.
Con el suficiente vacío,
para hablar de la soledad
en pronombre ausente.

¿Para qué sirven las palabras
cuándo no hay nada que decir?
¿Cuándo el lenguaje no alcanza para contar
lo indescriptible?

Noche de películas

Veámonos mañana donde siempre.
mi fantasma estará esperándote como todas las noches
en la esquina de tu casa.

Atrás de ese árbol cómplice
Que aprendió a ocultar mi espacio vacío
Mientras tú llegabas.

Prometo que voy a llevar mi cuerpo
para que no veas la soledad que me queda en el alma
al sentirte tan lejos cuando te abrazo.

Me pondré la camisa, esa con la que te gusta verme.
Lo bueno es que es de color negro
disimulará muy bien la sangre que brota del espacio
donde quedaba el corazón.

Monólogo de una despedida

¡Malditos zapatos!
¡Otra vez rotos!
¡No se puede confiar ni en lo que llevas puesto!

Como si al camino le importara que mis pies sangraran
cuando enfrento pasos desnudos de mapas
libres de minutos y horas.

Lo único que tengo
Y nunca cambia a pesar del acoso del tiempo
es esta sombra que refleja la luz de la calle.
¿Qué pensará mi sombra del cuerpo que le tocó?

Los caprichos del clima

Yo vivo en un verano constante
Y tú eres el invierno del que uno se enamora.
Como lo sabes bien,
dos estaciones nunca aparecen al mismo tiempo.
Porque o tus nubes pintan de gris el cielo
o mis acalorados brazos desgarran la lluvia.
Ayer leí el pronóstico del tiempo y decía:
“se avista en el horizonte, un tempestuoso adiós”.

Hogar dulce hogar

Las casas que se construyen hoy día
no son habitables para las personas
que requieren del olvido un favor.
Esas casas, son bóvedas hechas de recuerdos.

La sala y sus muebles, las cosas de la cocina,
todo ocupa un envidiable lugar
saben para qué están allí,
entienden que su labor es ser un eco silencioso.

Sus geométricos gestos
siempre tienen la cara de algo más.
Actores de una escena que se repite a diario.

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