Festival de Poesía de Cali

El Cauca

Convoca el sol las aguas en el mundo
desde los mares hacia el cielo.

Giran, giran las nubes desde lejos,
vienen desde detrás del horizonte
a dar vida en lo alto de los montes.

El África, la India, las islas de Oceanía
las ven formarse desde sus confines.
Se crecen con las aguas del Pacífico.

En la selva se vuelven lluvia tibia,
y más allá, sobre los páramos,
entre musgos y frailejones,
se vuelven nieblas y rocío.

Sinsentido de la cuerda

Claro en su deseo de viaje
olfatea el césped
su espíritu corre a pesar de la cuerda.

Mi perro a las seis
me lleva por vastos mundos.

Por el túnel de un zapato que habla
el hoyo negro que habita un espejo partido
viajo en la carrilera de un cierre
o por el sol metálico de un botón
me deslizo en la nieve regada
de los productos chinos.

Objetos como partes de un cuerpo desmembrado
restos de vidas extraviadas, hablándome.

El suelo de esa extraña altura

Cuando voy despierta
corre agua entre canales de mis dedos
dejo que el aire abra tus besos
-adormilados botones de tiempo
en la palma de mi rostro.

Voy sin el peso de la carne
los techos aguardan para mis ojos
tesoros vírgenes
silencios nombrados en la infancia
crecidos junto a viejos edificios
-reposados árboles, conscientes
de sus grietas y animales.

Sentada bajo el suelo de esa extraña altura
viendo el álbum familiar de los tejados
una avalancha de párpados me inunda.

Pensaba ser agua

en una jalea de aire y especias
suspendida la gota de licor que a la comisura
de tus labios se aferra
pensaba hacerme agua
para que no te murieras de sed
pensaba deslizarme por debajo de tu puerta
encharcada
empapada
y vaciarme en tus cacerolas
pensaba hervir abrazada a las cebollas y a los ajos
y alimentarte una tarde al borde de la lluvia
o derramar mis brazos en el café
y tamizar así todo mal, toda penumbra
pensaba ser agua
para que no te murieras de sed

Mi él, mi ella

Brotó un aguijón azul
Cuajó en la sangre el pétalo mordido por sorpresa
Pero eran dos
Y uno se me fue por el envés de las piernas
Pintó rojo y voló dejando al hermano engarzado
firme en mi vientre
No alcanzó a nacer
Pero fue mi ella, mi él
Lo llamé ángel, rostro, Antonia-Antonio, ola, roca
que flotó;
La llamo arbusto, sábana, lengua dulce, corazón
siempre temprano, luna que estira los dedos
y se asoma por las ventanas
Ese día lo sentí olor a musgo en la piel
de Juan Jacobo recién nacido

El canto de las urdimbres

El mundo comenzó a tejerse
como hilan su rumbo las estrellas,
como cruza el tiempo los inicios de la vida
desde el caos primigenio hasta el orden
sagrado de las geometrías.

En la danza de los telares
los reinos ofrendaron las hilazas
y el arte de la alquimia
desplegó en azules el murmullo del añil…
Un rojo de grana fue entibiado
entre los senos de las madres tejenderas.

Matria

Yo vengo de una placenta inmensa
latido primordial de la insondable savia
principio del principio
origen del origen
cantera generosa
del soplo y la palabra.

Sin biblias

Vamos a irnos.

Algunas vez nos iremos para llegar a nosotros.

Ser lo que no tenemos.

Qué felicidad trae esta carencia,
este recogernos de alguna esquina.

Bañados en lo que nos falta.

Famélicos y ruines,
pero también nostálgicos
y en actitud de oración.

Ven y vamos.

Vamos y vengamos.

No llegues por favor sin irte.
No te vayas sin venir.

Qué duro es estar sin ti para encontrarte
y no llegar más lejos que de ti mismo.

Otro poema a la luna llena

Durante el día sigue tras de mí la luna llena.

Me aclara el cielo, me tuerce las esquinas
y las transforma en maravillosas preguntas.
Más allá, las aguas de una fuente
me sorprenden con todas las respuestas.

Mi luna llena me lleva sobre sí - alucinada-
me convence que todo es un problema de amor,
de encontrar unas semillas mágicas
que hagan crecer una planta de habichuelas
hasta donde esperan los gigantes ebrios.

Me pongo a trepar para llegar bien abajo
donde me hace suya el mundo y la sabiduría.

Haikús

El viento me ayuda
A pasar las páginas
De mi libro de versos

Días después del naufragio
Asciende una burbuja
-exhalación del navío

Sencilla flor,
Silvestre ofrenda
Al eterno luto de la tierra

Ando por fuera de mi tumba,
Escribiendo versos
¡cosas de la vida!

Hoy no me alegran
Los almendros del huerto.
Son tus recuerdos

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