Autores colombianos

Periódico viejo

Cuando ya no importa
que los muertos se mojen
es fácil cubrirnos de la lluvia
con un periódico viejo
las manchas de las noticias
se deslizan por el cuello
dejando nombres propios en la piel.
Recorremos el invierno
atragantados con los mismos titulares
de ayer, de mañana y cien años más
con un hombre inmóvil en cada semáforo
como última señal
de que estamos cambiando de piel.

Señor juez

Sabré mentir tantas veces
como usted quiera señor
no importan las agujas
tengo lleno mi cuerpo de dedales.

Carta a Carlos Iván

Pienso en ti
para contestar
el saludo a mis muertos.
Pienso en ti
para olvidar la rumba
donde los disparos
son la partitura
del himno nacional.

XLIX

amarnos por teléfono
e internet

escucharnos
a cientos de kilómetros

vernos sin tocarnos

reos de visita
a través de una bocina
y un cristal

a media hora de amor luz
la boca no lame,
los dedos no saquean olores

no abusemos
de la cibernética
y la telepatía

cambiaré el ordenador
por un tiquete
para burlar esta quimera

XXVII

Cuando los enamorados
se habitúan a hablar a media lengua
en la intimidad

y comparten
no solo
casa, billetera, agenda
sino
cepillo de dientes, pijama
toalla, pañuelos y eructos
sin asomo alguno de vergüenza

tal pareja alcanza,
a no dudarlo,
un raro equilibrio
un punto crítico de involución
plenitud y decadencia

Alimento

Revisamos nuestros buzones
esperando  siempre la última carta,
vivimos  para recibir.

Somos como pájaros que guardan las alas
mientras  sus corazones laten
en  pechos calientes.

—Yo cargo tus palabras en la cartera
como una limosna extra—.

No podemos dormir,
soñamos con anillos en cada dedo,
que miden mi torso con tus manos
y descubres la piel
antes de que se marchen los invitados.

Viaje

Hemos sometido nuestros cuerpos
a los rigores del instante
y este mundo se ha agotado
para nosotros.

El frío nos ha llevado al hastío,
el  verano amenaza con devorarnos.

Sería mejor cambiar todo el equipaje
pero  la memoria es caprichosa,
en  las aduanas hemos perdido
algo  irremediable

Plaza

La bella muchacha palpada por la herida
Se hace un acto vegetal.
Lo pregonan cebollas,
El pez que cambia de color esas
ovaladas venas de los muros,
El fraude de los nabos,
Y el ojo saliente que sangra en el sueño.
Esos dientes que parió nuestra sal
Junto a aves sin parpados.
Encantos de las molicies con mercados de sol.
La muchacha vuelve con cien heridas
En la mano, y los ojos voceando
El idioma de la verdura.

Baño

La sabiduría dei cuerpo,
El diario asomarse a los ruidos de los vacuos.
Y donde piensan las venas contener
Un agua rindiéndose ante una luz caída,
La obrería del albañal.
Las losas junto a donde debía estar el nombre.
Y los poros que dan salida.
Como el que 1 lama a la entrada del insomnio.
Las desheredades de la piel.

Portón de golpe

Todo ser toda herida al borde del camino.
Volverá de la queja, del golpe
Que va a cerrarse tras la espesura.
Una vez más el rito de esta
Fisura pobre.
Con los pasadizos de los descansaderos
0 un silencio que forzó el paso
El anuncio que oían las llaves
Despertando los alientos de las púas.
El travesaño ya seco.
Lo que levanta la aldaba
Casa bien la hendidura del silencio.

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