Artes poéticas

Curriculum Vitae

digamos que ganaste la carrera
y que el premio
era otra carrera
que no bebiste el vino de la victoria
sino tu propia sal
que jamás escuchaste vítores
sino ladridos de perros
y que tu sombra
tu propia sombra
fue tu única
y desleal competidora

Solución

Extenuada
de tanto trabajo vacío
de tanta nada imprevista
de esta falta de apetito
y esta incertidumbre
he cargado mis párpados de tinta
para que escriban la noche.

A algunos les gusta la poesía...

A algunos,
es decir, no a todos.
Ni siquiera a los más, sino a los menos.
Sin contar las escuelas, donde es obligatorio,
y a los mismos poetas,
serán dos de cada mil personas.

Les gusta, como también les gusta la sopa de fideos,
como les gustan los cumplidos y el color azul,
como les gusta la vieja bufanda,
como les gusta salirse con la suya,
como les gusta acariciar al perro.

La poesía,
pero qué es la poesía.
Más de una insegura respuesta
se ha dado a esta pregunta.

Mi silencio está...

Mi silencio está en el canto y en la música
y en el abominable amor de alguien,
en las despedidas, en los libros...
en lo más incierto del mundo...

Tu alma es abundante

Tu alma es abundante, no debes
repetir lo que alguna vez has dicho.
Quizás la poesía
sea el mayor de los encuentros.

Señores, yo sé bien de los venenos

Señores, yo sé bien de los venenos
           de la literatura:
la tiranía impúdica y terrible
           de una Belleza impura
que nos mancha los labios de palabra,
           los ojos de figura
y el cerebro de sueños o pecados,
           en flagrante, diabólica impostura.
No la deseo a nadie, y nadie
           debe desearla nunca,
pero benditos los que se someten
           a su mirada oscura.

El poeta

Piensas que es esto trabajo, esta vida despreocupada
escuchar a la música algo y decirlo tuyo como si nada.
Y el ajeno scherzo juguetón meterlo en versos mañosos
jurar que el pobre corazón gime en campos luminosos.
Y escucharle al bosque alguna cosa y a los pinos taciturnos ver
mientras la cortina brumosa de niebla se alza por doquier.
Tomo lejos o a mi vera, sin sentir culpa a mi turno
un poco de la vida artera y el resto al silencio nocturno.

Madre e hijo

El poeta
bebe el agua del Tigris y del Eufrates,
se desvela y a veces tiene caspa,
y en los salones tiene reservado su puesto
y los zorros lamen su mano antes de huir espantados
por el bronco sonido de su verso.
De púas, de cuchillos, es la piel del poeta.
Con el despertar de la luz sangra la piel del poeta.
A veces, desalado, silencioso,
desierto de los pies a la cabeza,
anochece de bruces en su cama.
La envidia del poeta es amarilla,
su ilusión es azul como un cielo sin guardas.

Me falta una palabra

Me falta una palabra, una palabra
sólo.
Un niño pide pan; yo pido menos.
Una palabra dadme, una sencilla
palabra que haga juego
con...
Qué torpes
mujeres sucias me interrumpen
con su lento
llorar...
Comprended: cualquiera de vosotros,
olvidada en sus bolsos, en su cuerpo,
puede tener esa palabra.
Cruza más gente rota, llegan miles
de muertos.
La necesito: ¿No veis
que sufro?
Casi la tenía ya y vino ese hombre
ceniciento.
Ahora...
¡Una vez más!
Así no puedo.

Cada poeta...

Cada poeta
tiene su propio
cementerio de poemas
que a veces
visita
para depositar
un ramo barato
o un manojo
de aéreos pensamientos
junto a uno de los celadores.

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