25 poetas jóvenes cubanos

Llegará el día

Llegará el día en que los caballos se cansen de tanto látigo. Querrán tomar las riendas del coche y golpearán al hombre sin cansancio para que avance. A los caballos no les importará que el hombre se desboque por el calor del sol, por andar demasiado, por tener hambre o sed. Los caballos estarán encima del coche azuzando al hombre para que corra y alcance al otro hombre y lo sobrepase; comentando, entre tanta risa con los otros caballos, que para eso lo alimentan, para que trabaje.

Cuchillos

para Oscar, sin temor al filo

Por qué tienen...

Por qué tienen que maltratar a mi madre si lo único que quiere es un baño de azulejos blancos. Sale en la mañana y vuelve tarde; trabaja y trabaja. Sueña con fumar y leer periódicos aunque las noticias sean las que sean. Le repite a los niños en cada clase que tienen que amar y respetar a los héroes, enseña a los niños a cantar el himno a garganta viva. Mi madre sueña con el baño de azulejos blancos y un techo que permita guarecerse de la lluvia, ahora la lluvia es más feroz y en este lugar caen granizos hasta en las peores sequías.

Mujer de hule

La tarde se detiene.
Queda un poco de silencio,
pero no basta.

Se pierden las voces
por la avenida.
La música espera,
se extiende lejos.

Subo,
nada de jugar a los peldaños.
Más bien siento ganas
de quedarme
donde el aire acaricia
la ropa ahorcada.

Sigue inmóvil la tarde,
el aire con su música
en los cordeles. 

En la estatua...

En la estatua del centro
duerme una hoja
tal vez no sea el viento
quien arrase con todo.

Nadie puede evitar
el zapato desgastado    el golpe
la arena interminable.

En cualquier lugar
siempre aparece un sonido
un banco enfermo
donde permanecer sentada
sufriendo la caída
de la hoja.

Sé lo que es caerse
aunque no deje de pensar
en la sequía. 

Existo como el musgo

Existo como el musgo debajo del fregadero, como los caballos que me trasladan casi a diario. Existo en silencio y casi nunca pienso; existo por inercia, porque no sé si hay otra fórmula, otra manera de morir.

Fuera la gente sigue...

Fuera la gente sigue tratando de llegar, de alcanzar. Caminan como si por sus alrededores no hubiera nadie, como si fuera una constante competencia.

Ni siquiera saben dónde ponen los pies, caminan siempre mirando hacia delante, avanzan sin saber hacia dónde, se alejan en la búsqueda.

Caminan por calles desvencijadas, por debajo de edificios en ruinas. Una muchacha abre la ventana de su cuarto y me sonríe, un hombre gris mira el metro-contador, un perro come de una hamburguesa bañada en salsa de tomate.

Alguna definición muchas veces repetida

I

A Voltaire, que también lo supo

Se sabe que nadar es un país
                                 mojarse de golpe en las inciertas aguas
                                                              de un mundo mejor posible
                                 mirar atrás con el ojo pequeño
                                 cuando la frente es demasiado amplia
                                 desterrarse
despeñarse

Mulata en el malecón

Ella entreabre las piernas
no esconde pudor su minifalda
ni titilan azules los astros a los lejos

                            la tatarabuela ruborizábase
                            ocultaba bajo el sayón los apretones
                            el temblor por la aversión y el agravio

                 el viento de la noche gira en el cielo y canta
                 el desafuero de la sal sobre la piedra

El poeta

Para Arístides Vega Chapú,
un valiente de David

Señor, ya lo has dicho todo,
sin embargo, mi palabra
quiere también cuando labra
infundirle vida al lodo.
Sólo tú sabes el modo
de que la muerte se asombre,
pero el milagro es el hombre
cuando en verso se prodiga
porque tu ángel lo bendiga
o le revele su nombre.

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