Número 26

Fecha: 
09/2017

El pan mojado como injuria

Migajas de mandil,
talle de miriñaque, ¿tanto importaba el pan?
Hábitos:
renegar, condenar, despotricar.
Con mandobles de garrote
golpeabas
            el perímetro de la postración.
Así empleabas el remanente articulado.
El aire no padece,
             tu ira en vano.

Siempre te servía cena, tajadas,
latillas, sobras que apurar,
te traía las cosas del ganchillo,
el peine, los yogures, los smacks,
tu neceser de hidratantes.

En cada losa un rastro urético.

El cielo y la tierra son belfos

El día es de color jamón por fuera
y hay nubes saburrosas
sobre el lugar desmurallado.
El sol, proléptico, colea
y la calle rebosa especies
cuyos orines no drena el alquitrán.
La bendición es indistinta, en masa.
                El polvo, superior jaez.
Es tan bonito que dan ganas
de patear lo moral bello,
os juro que hay, sin turno, espera mansa,
burros a las puertas del kebab.
Qué pintan los animales ocupando
la avenida
              cuando matanza es solo ya vocablo

El gran proveedor

¿Qué iba a saber de glúteos escorados
un médico del ochenta y seis? 

Pilar hubiera sido común nombre
pero las gónadas dijeron: «vas a vivir en punta».
No mienten las células cumplidas

y no hubo mascota nunca hubo.

Autorretrato

Rodé al año y medio por las escaleras
hasta el segundo piso.
A los seis casi me ahogo en una piscina.
A los siete me arrastró la corriente de un río.
Me golpearon con un palo, con la culata de un fusil,
con una tabla. Me propinaron un codazo en la cara
y otro en el estómago, rodillazos,
machetazos, fuetazos.
El perro del vecino me mordió un brazo.
Me cortaron una oreja haciéndome el cerquillo.
Noqueado. Abofeteado. Calumniado.
Abucheado. Apedreado.
Perseguido por sargentos en motor. Por dos cobradores.

Mi amigo camina hacia el silencio

Mi amigo decidió
que no iba a escribir más
estaba sentado en el metro
en dirección a su casa
tarde en la noche
cuando se dijo
que no más
que ya no es necesario
que uno sencillamente puede
dejar de escribir y renunciar
como uno de esos árboles
que en primavera se niegan a que
sus hojas broten
y eso hizo mi amigo
decidió que no iba a escribir más
y que cuando le viniera
el impulso
lo iba a ignorar
o mejor aún
iba aprovechar esa energía
para hacer otra cosa

En la Biblia no aparece nadie fumando

Pero qué tal si Dios o los que escribieron la Biblia
se olvidaron de agregar los cigarros
y en realidad todas esas figuras bíblicas
se pasaban el día entero fumando
al igual que en los cincuenta en que se podía fumar
en los aviones y hasta en la televisión
y yo imagino a todos esos gloriosos judíos
llevándose sus cigarrillos a los labios
y expulsando el humo por las narices
en lo que aguardan
por sus visiones o porque Dios les hable,
e imagino a David tocando el harpa
en un templo lleno de humo,

Variaciones acerca de un poema de amor

1

he tratado de escribir un poema de amor
pero los poemas nunca dicen lo que uno quiere decir
o puede que digan exactamente lo que uno quiere decir
y lo que no sabemos es qué es lo que tratamos de decir

2

si digo tú me refiero a ti
pero cuando escribo tú
ya no me sigo refiriendo a ti
sino más bien a un tú platónico
que tiene que ver más conmigo
que contigo

3

Anoche soñé que era un DJ

Llamo por teléfono a Miguel y le pregunto
si piensa que me iría mejor de DJ o como poeta
y Miguel responde que siga como poeta.
Mi novia también dice que como poeta.
El hermano de mi novia dice que como poeta
y una jevita que hacía una fila en el cine y que recién conocí dice que como DJ.

Las menores me ven más como DJ
y las mujeres que compran en el supermercado
dicen que persista con los poemas.

La felicidad del odio

Creí ver en tu sombra
un animal dormido: somos hermanos
mutilados
del hambre y la tecnología.
Así la historia: nada nos queda
más allá de este odio cuyo calor
establece las distancias
necesarias
con la muerte.
Es algo similar
al carnoso paladar
del místico
ante la nada: la almendra del vacío.
Odiar, por ejemplo,
el peso de la estatua
sin la cual el espacio
no sería espacio. Odiar
sin temor
el sonido de la hierba
mientras un cuerpo leve
la pisa. La felicidad del odio

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