Número 26

Fecha: 
09/2017

El azaroso oficio del traductor

Traducir es algo más que pasar algo a otro idioma, es intentar hacer en éste una réplica de un texto. Pero la traducción de un poema no es como la copia de un pintor, que puede llegar a la perfección si el copista o el falsificador disponen del talento necesario y de los mismos materiales (para una obra del Renacimiento, por ejemplo, óleos, pinceles y tela de similares características a las que se usaban en esa época). El traductor de poesía, en cambio, no puede ni siquiera traducir literalmente un poema.

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Digamos que el 2017 no ha sido benévolo con la poesía: en marzo murió Derek Walcott el poeta de Las Antillas, nacido en Santa Lucía en 1930. Además de dramaturgo, incursionó también en la pintura. Y al mes siguiente muere en Bogotá Nicolás Suescún, poeta, diseñador gráfico, periodista y gran traductor: Tradujo entre otros a Rimbaud y a Flaubert al español y pasó al inglés poemas de Gómez Jattin y de Mario Rivero.

Como no hablar de lo Íntimo.

A mi abuela, que es mi otra madre.

Mi abuela me cuenta de sus maridos muertos
y de las lilas que nunca sembró
lo hace con la dulzura de una niña comiendo mango.
Quisiera aceptar la muerte de esa manera
pero soy demasiado torpe.

 

Lo eterno

                                                     A Juan G.H.

Siempre
nos vamos a la cama
con el miedo
de que cuando despertemos
el mundo ya sea una ruina.

Soy esa criatura que cuelga bajo su propio sol

Tengo este cuerpo de criatura extraña,
innombrable y astuta
que tantas voces ha tenido.
En este cuerpo no solo se consumen
los astros y los miedos,
también en este cuerpo
se nace monstruo,
bestia,
perro o humano.
Tenía debajo de mi lengua la palabra,
pero la extravié.
También tenía bajo mis ojos el tiempo,
pero también lo perdí.
Soy esa criatura
que cuelga bajo su propio sol.

Tengo una herida en el rostro, es mi madre

Antes,
cuando tenía quince o algo menos,
me miraba al espejo
y encontraba los rasgos de nadie.
Era la hija de la mujer sin rostro
o quizás de la mujer sin nombre.
Hoy que mis ojos pesan un poco más,
que mis grietas
son mucho más largas y peligrosas,
me veo de frente,
espejo-persona,
y me doy cuenta que mi madre
se ha reposado en mí.
No solo tengo sus cabellos tristes,
también su boca llena de dolor,
de palabras a las tres de la mañana
y de humo fácil de odiar.

Escriba sentado

No es necesario que cuentes nada:
puede leerse en tu piel el paso del tiempo,
la sorpresa del amor en tus ojos,
la de la muerte
en las palabras que no escribiste.

Cumpleaños

Dormía y el viento me ha dicho: Despierta.
Toda la noche sonó la cítara: ahora oigo
sus pasos felinos emprender el camino.
Todos los amigos se han ido ya, uno a uno.
He soñado con un río y un espejo de plata.
La vida me ha llevado por caminos extraños.
La cabeza me dice: tienes un año más.
El corazón: son diez los años que han pasado.
Bebo un trago y el vino me susurra:
eres veinte años más joven.
Hago la cuenta y lleno de nuevo mi copa.

Balada del mar de Adra

Mar de Adra No eres el mismo mar de mi infancia
No jugué en tus playas de arena negra
No conozco el viento que agita tus palmeras
No sé qué luz es esa intermitente en tu horizonte
ni qué coches estos que cruzan veloces hacia lo desconocido

Mar de Adra No llegué a ti por voluntad propia
Aunque esté solo Aunque ahora te hable

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