Número 25

Fecha: 
03/2017

El durmiente del valle

Una hondura de verde donde canta un riachuelo
colgando  locamente de la hierba jirones
de plata; donde luce, en la montaña altiva,
el sol: un vallecito espumeante de rayos. 
Boquiabierto, un soldado joven, con la cabeza
desnuda con la nuca bañada en berro azul,
duerme; bajo la nube, extendido en la hierba,
pálido en verde lecho donde llueve la luz.
Los pies en los gladiolos, duerme. Sonríe como
Sonreiría un niño enfermo; se da un sueño;
Naturaleza, mécelo con calor: tiene frío.

Besos olvidados

¿Quién cuenta nuestros besos,
a quién le importan?
La gente atiende a duelos y a negocios,
Dios a crear el mundo...
Y al olvidar los besos, su multitud rosada
nos va cayendo al fondo del alma, como pétalos
de rosas hermosísimas y tiernas...
Yacen allá, y en estrechez ahogada
rezuman sus esencias de dulzura,
cada noche y cada aurora nos perfuman,
y la otoñal pobreza de la vida ordinaria
se vuelve un país rosa, un Gulistán de Persia.
¿Quién cuenta nuestros besos?
¿A quién le importan?

La invitaciónn al viaje

Mi niña, mi amor,
¡sueña en el dulzor
de ir allí a vivir contigo!
¡Amar a placer,
amar y morir
en país dulce y amigo!
De su sol mojado
en cielo nublado,
tiene para mí el encanto
traidor y secreto
tu mirar inquieto,
brillando a través del llanto.

Allá  todo es plenitud,
lujo, calma y lasitud.

La joven Tarentina

Llorad, dulces alciones, oh pájaros sagrados,
A quienes Tetis ama, llorad, dulces alciones.
Que ya no vive Mirto, la joven tarentina.
Una barca la estaba llevando a Camarina.
Las canciones, las flautas, la boda, lentamente
Debían conducirla al seno de su amante.
Una llave celosa guardó en esa jornada
En un cofre de cedro sus atuendos de boda,
el oro que en la fiesta sus brazos ornaría,
los perfumes mezclados para su cabellera.
Pero sola en la proa, invocando una estrella,
El impetuoso viento que soplaba en la vela

Soneto 42

De los Sonetos para Helena, libro 2

Cuando estés ya muy vieja, de noche, junto al fuego,
devanando e hilando  a la luz de una vela,
mis versos cantarás. Dirás maravillada:
Ronsard me celebró los días que fui bella.     

Y no tendrás sirvienta que al oír tales nuevas,
tras la ruda labor a medias ya dormida,
al escuchar mi nombre no despierte y bendiga
tu nombre alentador de elogios inmortales.

Plaza

La bella muchacha palpada por la herida
Se hace un acto vegetal.
Lo pregonan cebollas,
El pez que cambia de color esas
ovaladas venas de los muros,
El fraude de los nabos,
Y el ojo saliente que sangra en el sueño.
Esos dientes que parió nuestra sal
Junto a aves sin parpados.
Encantos de las molicies con mercados de sol.
La muchacha vuelve con cien heridas
En la mano, y los ojos voceando
El idioma de la verdura.

Baño

La sabiduría dei cuerpo,
El diario asomarse a los ruidos de los vacuos.
Y donde piensan las venas contener
Un agua rindiéndose ante una luz caída,
La obrería del albañal.
Las losas junto a donde debía estar el nombre.
Y los poros que dan salida.
Como el que 1 lama a la entrada del insomnio.
Las desheredades de la piel.

Portón de golpe

Todo ser toda herida al borde del camino.
Volverá de la queja, del golpe
Que va a cerrarse tras la espesura.
Una vez más el rito de esta
Fisura pobre.
Con los pasadizos de los descansaderos
0 un silencio que forzó el paso
El anuncio que oían las llaves
Despertando los alientos de las púas.
El travesaño ya seco.
Lo que levanta la aldaba
Casa bien la hendidura del silencio.

Banco

Dedico al Banco donde siempre escribo

Ahora escribo sobre el apartado banco
De madera.
Quizá mientras escribo oigo su vida
Su estar que guarda las horas
Donde se aflige un libro.
Una fecha que descifra la línea deseada.
La ligereza de sus esquinas,
El anuncio al único lujo en tanto reposo.
Los cuerpos de la geometría están
Cargados de bordes que toca el odio
En los bancos quizá dejamos la
Constancia de las blasfemias,
Y las intrigas de la fé.

Beneficiadero

La fibra o cuadros
Donde montan el desenlace.
Los confinamientos de los mucilagos
Dibujan los logros,
Las vigilias del grano y de las cortezas,
Su entereza sobre la risa de la escalera,
"Función mental" de los ejes y la rueda.
Una respuesta reducida por los poseedores
De los zumos.
La atenta altura donde ruge el reloj sus límites
Todo lavado con la noche ante la cual
Fijan una estima de las cosechas.

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