Número 18

Fecha: 
09/2012

Brindis

Había una mujer en Ithaca
Que lloraba suavemente toda la noche
En el cuarto de al lado, e indefenso
Me enamoré de ella bajo la cubierta
De hielo que se posó sobre los
Tejados del pueblo,
Llenando cada oscura oquedad.

A la mañana siguiente,
En la cafetería del motel,
Estudié los rostros de
Todas las mujeres. ¿Era la rubia de mediana edad
Que bromeaba con la camarera
O la joven morena que levantaba
Su taza como si quisiera brindar?

El arte de contar sílabas

Hace un tiempo ya largo, queriendo conocer sobre la medida y la rima en la poesía castellana, me compré un voluminoso libro sobre el tema. Me dispuse a leerlo; era tan árido y mi capacidad de trabajo tan pobre que mis esfuerzos resultaron vanos. Por esos mismos días, fui invitado a un encuentro de poetas en Popayán; al mismo asistió el poeta Giovanni Quessep. Conocedor de sus acercamientos al verso clásico, le conté sobre mi lectura.

Reacciones

La señora que escribió desde Phoenix
después del recital que ofrecí allí
para contarme que todavía lo estaban comentando
acaba de escribir otra vez
para decirme que los comentarios cesaron

Tumba

Qué piensan de mis gafas nuevas
pregunté mientras me paraba bajo la sombra de un árbol
frente a la tumba que comparten mis padres,
y lo que siguió fue un prolongado silencio
que descendió sobre la procesión de los difuntos
y más allá sobre los campos y los bosques
uno de las cien clases de silencio
conforme con la creencia china,
cada uno bien diferenciado de los otros,
pero las discrepancias son tan sutiles
que solamente unos cuantos monjes singulares
son capaces de distinguirlos.
Hacen que luzcas muy académico,

Rosas

En aquellas semanas de pleno verano
cuando las rosas en los jardines comienzan a perder las esperanzas,
las enormes rojas, blancas y rosadas:
los pétalos interiores envolventes se tornan cancerosos,
los de los bordes se marchitan
o ya en el suelo, abatidos sobre sus dorsos femeninos
reposan sobre los duros lechos de tierra revuelta,
en ese momento qué terrible expresión en sus rostros,
una expresión del tipo ¿todo valió la pena?,
sufrir aquí de una muerte lenta frente a todo el mundo
en el jardín de una casa de huéspedes

Olvido

El nombre del autor es lo primero que se va
seguido obedientemente por el título, la trama,
el desenlace desgarrador, la novela entera
que de pronto se vuelve una que nunca has leído,
de la que nunca has oído hablar,
es como si, uno por uno, los recuerdos que solíamos albergar
decidieran retirarse al hemisferio norte del cerebro,
a una pequeña aldea de pescadores, donde no hay teléfonos.
Hace rato que le diste el beso de despedida a las nueve musas
y viste que la ecuación cuadrática hizo maletas,

La sección de albóndigas

No existe algo así como la sección de albóndigas
hasta donde sabemos.
Ningún empleado servicial nunca ha contestado la pregunta
¿dónde están las albóndigas?
señalando hacia el fondo de la tienda
y diciendo las encontrará allá en la sección de albóndigas.
No hay necesidad de limitarlas
a las suecas o italianas para saber
que ya albóndiga es demasiado específico
para que una sección completa tenga su nombre
como sí ocurre con las Verduras, los Electrodomésticos, o el Calzado para
Damas.

El tropiezo

La única vez que he mostrado algún tipo de interés
en el concepto de la máquina del tiempo
fue cuando escuché por primera vez que el origen de la calvicie
en el hombre podía remontarse al abuelo materno.
Me imaginé montándome dentro del singular aparato
con un frasco de veneno escondido en un bolsillo,
y, por si acaso, un cuchillo de cocina recién afilado.
Claro, que no lo había pensado con mucha atención.
Pero aún después de darme cuenta del inconveniente
que representaba la erradicación de mi propia existencia

Infierno

Tengo la sensación de que es mucho peor
que ir a comprar un colchón a un centro comercial,
no hay duda de que dura mucho más,
y no hay aquí tridente azaroso
ni llamas abrazadoras que temer,
únicamente esta tienda grande y tenebrosa
con su laberinto de ropa de cama.
Aunque al vagabundear entre los joviales kings,
las más sensibles queens,
y los tristes singles
que nunca cubrirá una sábana púrpura,
pienso en un pasaje del inferno,
que podría recordar perfectamente
y recitar en inglés y hasta en italiano

Pages

Subscribe to RSS - Número 18