Número 06

Fecha: 
06/2006

¿Para qué sirve la manzana? ¿Es comprensible la lengua poética de hoy?

¿Por qué hay tantos poetas en nuestra época? "Porque hay muchos que confunden el deseo ardiente de la fama poética con el talento poético." En la respuesta de John Stuart Mill el lector puede descubrir la tranquilizante explicación. Sin embargo Mill, excelente pensador positivista, escribió lo que escribió hace unos ciento cincuenta años; además, él no buscó las causas del raudal de poetas húngaros, sino de los ingleses de su tiempo. En este caso es bien posible que el hecho de considerar demasiados los poetas por parte de los lectores es un fenómeno más constante de lo que pensamos.

En forma

Vital y constante trotador
no temas cometer el error
de la mujer de Lot.

Si algo te pudiera asustar
no sería la estatua de sal
en que puedas convertirte.

Sino la visión misma
de la muerte que fiel a tu ritmo
también se entrena.

Extrañeza

Te vales de ese práctico sello carnoso
para decir en sociedad: "vendo, compro,
dono, sucedió tal como lo dije,
ese dinero me pertenece..."

Incluso puedes decir, por su intermedio,
sin que hojas de sombra se interpongan:
"este soy yo"

Más allá incluso de tu palabra
que, a veces, resulta difícil
separar del caldo colectivo.

Y, cosa curiosa, esas pequeñas líneas,
esas espirales talladas en tu dedo índice,
¡son para ti tan extrañas!

Límites

Quinientos años vas a cumplir, David,
David de Miguel Angel.
Tantos años de vida ponen en guardia
a quienes, a todo trance,
buscan la inmortalidad.

Todos se preguntan
¿cómo asear la piel del coloso desnudo?
¿qué jabón usar para no lastimarlo?
¿bastará con un poco de agua bendita?
¿será muy corrosiva el agua oxigenada?

La era de los grandes inventos,
de las transformaciones del cuerpo
por el bisturí o la succión,
no ha encontrado aún
cosméticos para el mármol.

Dulce compañía

Que me acompañen el musgo,
la ceniza,
el pulpo y sus ventosas,
la silueta,
el moho, la carcoma y las virutas,
el enemigo que dejó la estela
de eructos nauseabundos.
Que me acompañen el humo y la cirrosis,
el insomnio en la noche que no acaba,
el camino sin fin, la cuerda floja,
el precipicio y los dados tramposos,
la luz fría de la luna, las quejumbres,
la agrietada piel y las ampollas,
el delirio, la fiebre y las perplejidades,
la compañera fatídica de la noche final
y los gusanos.

Adioses

Así es como partes,
con las manos trémulas
sobre la barandilla
y dejando al mar tus ojos.

Atrás el puerto, alejándose,
volviéndose pequeño,
cada vez más pequeño,
hasta ser sólo un punto
visible para la memoria.

Partes así, con esa sensación
de quien ondula,
de quien navega
y se cansa.

Es larga la travesía
y asechan los naufragios,
pero Ítaca sigue en tu cuerpo
con su tibia piel,
su olor a café
y el aroma de los tamarindos.

Sin título

4

Un tulipán rojo. Un florero azul.
Alicia sobre una gigante
flor de cera y metal.
Un cactus.
Una flor de cristal.
La ventana abierta, un móvil
y la brisa que llega hasta aquí.

5

Me pierdo...
como si la noche
esperara mi llegada
para devorarme.

Quito

El palacio del Inca
ha sido destruido.
La cancha es ahora plaza.
En templos nuevos hechos
con las piedras de antes,
los invasores honran
a santos extranjeros.

Los tejados dejaron de arder.
La sangre derramada
se evaporó.
Los huesos se han deshecho.
Las Vírgenes del Sol no son ya ni siquiera
un recuerdo de ancianos.

Lecciones bíblicas

Siempre quise hacer el amor con una mujer evangélica. Me seducía esa sobredosis de pudor, esa manera dulce de hacer saber que son mujeres de Dios. Por eso, cuando Yolanda tocó a mi puerta un domingo de agosto, sentí un revoloteo en el estómago.

- Buenos días -dijo sosteniendo un paquete de libros sobre el regazo.

- Buenos días -contesté.

- Quisiera compartirle la palabra del Señor.

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