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Octubre de 2006 - Año 3, No. 7 - 8

 

JUAN FELIPE ROBLEDO

Medellín, Antioquia, 1968

DESPERTAR

El día se levanta, se despereza,
y llega a la conciencia un rumor que anuncia un tiempo idéntico al del principio.
Los deseos se arrastran, sin sosiego, y desde su hondura él quiere abrazar, quiere palpar,
todo está ahí, sin detenerse encima de nada, apenas flotando.
El que se esfuerza por conquistar su noche de plena dicha no sabe de sí,
/no ha elevado una súplica,
se deja ir con el tiempo, se hace musgo, anhelo sin cesar,
su alma se retuerce y el reproche que quería hacerle al amor lo avergüenza.
No es buena la fruta seca, no da gusto el pájaro que canta atiplado,
y las horas marchan, se anudan,
el durmiente vive, apenas notándolo,
las bandadas de patos hacen que sea más fácil levantarse,
aunque jamás las veamos.
La lámpara sigue apagada,
y el ronquido que se hace silencio
es romanza sin prisa que anuncia los verdes campos de Francia.

 

PASTO RECIÉN CORTADO

Y el día se hunde en el fulgor del día,
el infinito desea abrazar este instante,
las primeras lluvias han bendecido el verde airoso de este prado
y la mañana ha reinado -altiva doncella-
para no ser olvidada.

El quieto dormir de las cuatro de la tarde
es una tela basta que debemos recorrer con dedos torpes,
pero el lejano son que acompañó a los cosacos y filibusteros, coraceros y cuestores
                        no nos dejará perder el rumbo.

A pesar de los pesares,
un gusanito tierno que pasea por los dedos
nos ha escogido entre todas las almas del mundo,
y celebra sin dudar el alto vuelo del sol.

 

NUBES

Formaron cabezas de caballos,
fueron ijares y escudos,
una piedra que nos mira desde el fondo de un pozo.

Siguieron un camino trazado mucho antes,
en una época en la que todo se decidía en un billar.

La iglesia gris que vio pasar estudiantes confusos sigue vacía,
nunca sonó la campana en ella.

El atento salmodiar de los vendedores de pizza
no ha molestado el lejano rumbo de las nubes.

Pero nuestro corazón no cede.

El curso de la eternidad se dirimió en esta oscura barraca,
y así como arriba, abajo el día es de los navegantes que el cielo respetan,
y, de vez en cuando, miran otra cosa, una lejana.


GRACIA QUE ACOMPAÑAS

Con asombro, con rubios cabellos esparcidos,
con dulzura,
su estampa acompaña al que se queda en la oficina,
con esfuerzo y rabia en la mañana,
con deleite al caer el sol,
y es una maraña de besos su recuerdo,
una esparcida mata de caricias,
es alegre el paisaje que ilumina,
doloroso el momento que la deja pasar,
con ella no hay espanto,
la dicha nos acerca a su corazón, al lento anhelo del cantante,
y al tiempo entonces vamos sin detenernos,
al tiempo y sus mazmorras,
redimidos por un amor que se cuela sin que lo hayamos merecido,
un amor de intemperie que hace el día mejor.

 

ATRAVIESO UN SENDERO EN TU SUEÑO

Para Catalina González

Un rayo de luz atravesando la rendija bajo la puerta,
tu corazón descansando, tus labios sonriendo,
el amor que conduce mis pasos fuera de la habitación a oscuras,
iluminando de lejos tu mano,
me permiten seguir adelante en la tarde
mientras los luceros quieren colarse en tus sueños.

La noche se anuncia,
la espera es una tormenta de truenos sordos,
la fiebre puede llegar en cualquier momento a tu frente,
pero no vence a la dicha que hoy nos ha dado un nuevo oasis.

Abandonamos las rutas de la caravana y seguimos otro sendero,
el agua no se agota en nuestros labios,
y masticamos sin prisa este sosiego de banquete sin deudos que tu reposo otorga.

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