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Octubre de 2006 - Año 3, No. 7 - 8

 

MACHI TAWARA

RENOVADORA DE LA POESÍA TRADICIONAL JAPONESA

Por Armando Ibarra Racines

LA TANKA

La poesía tradicional japonesa está conformada por una gran variedad de géneros; cada uno con su propia estructura formal y naturaleza única. Como en otras poesías tradicionales, el contenido de cada género es casi tan "fijo" como la forma. Dentro de dichos géneros, sobresale la tanka; un tipo de verso que tiene cerca de mil trescientos años de historia. Una tanka consta de 31 onjis; divididas en unidades de articulación de 5-7-5-7-7. El onji es la medida fonética japonesa equivalente -mas no igual- a la sílaba; corresponde a lo que llamaríamos "un golpe de voz" en la articulación de los sonidos del habla. En el idioma japonés, para efectos de conteo, se tienen en cuenta las consonantes en las que nosotros consideraríamos una sílaba compleja. Cada onji japonés representa un sonido brevísimo, mucho más simple que la mayoría de las sílabas del español, inglés o alemán. Por ejemplo, la palabra sensei, que consideraríamos bisilábica, según el criterio de medida japonés está compuesta por cuatro onjis: se-n-se-i. Así que cualquier equivalencia que se establezca entre formas métricas occidentales y japonesas vis-à-vis, siempre va a sobredimensionar la duración de la forma occidental seleccionada.

La tanka generalmente se escribe en único verso vertical continuo, aunque con frecuencia se utilizan varios versos verticales múltiples cuando se presenta como un trabajo de caligrafía. Algunos poetas modernos han experimentado cambiando los versos y agregando sangrías para resaltar ciertos efectos poéticos. Otros la parten en dos estrofas 5-7-5 y 7-7, a las que consideran como dos unidades relativamente aisladas. En lugar de emplear signos de puntuación, los japoneses usan palabras pequeñas compuestas de uno o dos onji, para indicar los cambios de verso y darle un "respiro" a la tanka, para lo cual emplean una pregunta o una exclamación.

La tanka tiende a ser más lírica y a expresar las emociones en una mayor variedad de formas, desde luego que sin excluir las imágenes. Ofrece más libertades que el haiku, debido a que las reglas para su composición son menos restrictivas (por ejemplo, no necesita una palabra que marque las estaciones ni una palabra de corte, kireji); brinda la oportunidad para la expresión de los sentimientos más íntimos. La tanka fue un medio de intercambio de notas escritas y enviadas por los amantes para expresar deseo o gratitud; no obstante, la tanka también se usó para expresar aprecio por la naturaleza. Con el paso del tiempo, la tanka se convirtió en el medio para expresar las preocupaciones más profundas del ser humano.

La tanka se mantiene hoy en Japón más viva que nunca. Hay cerca de cuatro revistas importantes de tanka, además de muchos cientos de publicaciones menores diseminadas por todo el país. Quizá esta gran variedad es la mejor explicación del porqué este tipo de verso tan antiguo todavía pervive. La forma de la tanka es fija pero a la vez flexible: proporciona una forma prefabricada a fin de que los poetas no necesiten preocuparse por la forma de la expresión verbal; pero a la vez, es tan flexible que se puede adaptar a la mayoría de las ideas creativas. Además, es rica en su legado cultural: ha absorbido lo esencial de la civilización japonesa de los últimos 1.300 años y se ha establecido como el modo arquetípico de expresión emocional para los japoneses. A algunas personas en el Japón moderno les desagrada la tanka y predicen su extinción; sin embargo, la tanka se escribe y se continuará escribiendo mientras la cultura japonesa se mantenga activa. Una pregunta más pertinente sería si la tanka es lo suficientemente universal para ser adaptada por otras culturas y tener el mismo vigor por fuera del Japón que el haiku.

Recientemente, los poetas de Occidente han ido incursionado en el ámbito romántico de la tanka. Algunos podrían sostener la opinión de que no se necesita, debido a nuestra fuerte tradición lírica. Los poetas han respondido creando poemas bajo su influencia. Existe un considerable movimiento de tanka en inglés, algunos autores se han agrupado alrededor de la Tanka Society of America o de la revista Modern English Tanka. En cuanto al español, escritores como Jorge Luis Borges han escrito tankas, las que figuran en su libro El oro de los tigres. Octavio Paz tradujo numerosas, que se pueden apreciar en Versiones y diversiones. Un poeta español, Antonio Cabezas, elaboró una interesante versión de Un puñado de arena del conocido poeta japonés Ishikawa Takuboku. Estas tankas tienen la particularidad de que fueron traducidas a la manera de seguidillas gitanas, con todo el "sabó", sin un esquema métrico definido, dispuestas en quintetos.

BODAS DE ENSALADA

En 1987, la escritora Machi Tawara sacudió el mundo literario japonés con su obra Bodas de ensalada (Sarada Kinenbi), una colección de tankas que rompieron el letargo en que el género se había sumido en los últimos años; esta obra sacudió los cimientos de la literatura tradicional japonesa para levantar sobre el revolcón un leve libro de poemas que cambió la historia de la tanka para siempre. Es un libro que hechiza con una sucesión de imágenes -espera, noviazgo, adioses- que van subiendo en espiral alrededor de los amores fallidos; y nos lleva en un viaje de descubrimiento -y para muchos, de redescubrimiento- de la percepción de los momentos de la cotidianidad que descuidamos, pero no porque no sean preciosos; sino porque el manoseo diario los ha ocultado. Su redescubrimiento nos deja una sensación de frescura y alegría sin par. Su mérito recae en la forma de acercarse a lo ordinario, sin el menor asomo de duda y con plena franqueza, y en la capacidad de llegar al fondo de los objetos o las acciones más simples: la familia, los amigos, un paisaje, las labores domésticas, el trabajo, la vacilación leve de un amante, la observación que no viene al caso de un amigo, y especialmente los amores y su fatiga, que constituyen la figura central de los poemas, o secuencia de estampitas maravillosas que componen Bodas de ensalada. Y aunque a primera vista pueda parecer que los poemas se concentran en acontecimientos triviales, lo que va emergiendo gradualmente es un retrato agudo y penetrante de la vida y los amores modernos. El interés que suscitó el libro no es accidental. "La ensalada" aborda los temas a rajatabla. El mensaje de Tawara es universal; sus anhelos son los nuestros. En Bodas de ensalada ha confeccionado una pequeña joya -para regalar o atesorar- engastada con momentos de exquisita belleza, mordacidad, verdad y discernimiento.

Aunque los poemas se ciñen al ritmo básico de 5-7-5-7-7 onjis de la tanka; al mismo tiempo se sacuden del yugo de 1300 años de historia. En el Japón todavía prevalecía la idea de que los poetas que escribían tanka debían emplear una dicción poética especial y anticuada, y que ciertas imágenes -la flor del cerezo- o las formas de pensar y el sentimiento -el anhelo de un amor perdido- constituían sus principales medios expresivos. Como la tanka se había ocupado tradicionalmente de temas preestablecidos terminó convirtiéndose en pasada de moda y convencional; dificultad que fue agravada por el uso continuo de un idioma "literario" anticuado que la hacía difícile de entender y la mantenía alejada de la experiencia diaria. Tawara, virtualmente sin ayuda de nadie, le dio una imagen nueva, y la entregó renovada a los lectores. Bodas de ensalada fue la culminación de cuatro años de intensa escritura, durante los cuales -dice su mentor, el poeta Yukitsuna Sasaki- pareciera que Tawara hubiera descubierto y revelado su música interior.

Por supuesto que los intentos de renovación de la tanka no eran algo nuevo. Los poetas que trataron de revitalizarla evitando fórmulas clásicas, a menudo lograban modernizarla a expensas del ritmo y la gracia. Entonces, ¿qué es lo que hace que la obra de Tawara sobresalga? La respuesta se encuentra, en parte, en su habilidad para entremezclar fragmentos de lenguaje coloquial en el patrón rítmico de la t anka. Así logró que sus lectores redescubrieran y se percataran de la música y la poesía que subyacen al habla cotidiana. Sus poemas poseen una franqueza y una naturalidad muy simples e innovadoras. Parte de su logro recae en la habilidad para usar un idioma fresco y contemporáneo -incorporando con destreza trozos de conversación natural, palabras prestadas del inglés como "fotógrafo," y los iconos modernos como McDonald- sin sacrificar las virtudes tradicionales de la tanka. Una ventaja adicional es que no es necesario un esfuerzo especial para comprenderlas. Carecen por completo de las imitaciones o las paráfrasis a las que tanto se ciñe la tanka clásica, y al tiempo mantienen su poder rítmico y evocador. El uso de lenguaje casual y cotidiano es un evidente punto de ruptura con el pasado.

Pero Tawara no se limita exclusivamente a la lengua vernácula; emplea una amplia gama del idioma japonés, que incluye palabras clásicas como varias "palabras eje" y alusiones a poemas clásicos. El idioma que emplea no es exclusivamente el de los jóvenes sino una mezcla culta y sofisticada de lo antiguo y lo moderno, con énfasis en lo nuevo. Machi Tawara es indiscutiblemente experta en llenar los viejos moldes de la tanka con la arcilla renovadora del lenguaje de su generación.

¿Qué había en su poesía que llegó tanto al público japonés? Una respuesta parece ser el tono alegre y descomplicado -perfectamente adecuado para la imagen de "ensalada" fresca y crujiente; las emociones genuinas y muy sentidas, pero nunca amargas o abrumadoras. La tristeza de acabar con una relación se equilibra con el alivio que produce una decisión oportuna y definitiva: Machi parece estar un poco aislada de las emociones, y nunca se pierde en ellas; siempre está observándose a sí misma y a los que la rodean con una mirada fresca y serenamente objetiva.

Aunque el amor o la falta de amor constituye el foco principal de la poesía de Tawara, también escribe sobre el hogar y la familia; la vida en la gran ciudad; de sus experiencias impartiendo enseñanza; de música y cocina y béisbol y el mar; de los viajes a China; de insólitos momentos de conciencia repentina o caprichosa, de premonición o sorpresa. Como en el poema que le da título al libro, encuentra belleza en las cosas comunes de una vida en que cada instante se vive plenamente. Bodas de ensalada mira el mundo a través de los ojos de una mujer desventurada y cómicamente enamorada. En su mundo, las coles se mueren de risa en un atardecer sombrío, en plena noche las arvejas imploran susurrando que las dejen salir de las latas; los amantes van y vienen. Bien sea a solas o en el teléfono, o rompiendo cáscaras de huevo en fragmentos cada vez más pequeños, el amor bate su tamborcito triunfal.

El empleo de vocabulario poco convencional para los estándares de la tanka generó una controversia entre los defensores de la licencia poética y los puristas que deploraban lo que consideraban una disminución de los estándares. No hay duda alguna de que la inclusión de este tipo de vocabulario le da a los poemas una cercanía y una pertinencia incomparables. Los temas que la autora toca abarcan todas las emociones y preocupaciones de las personas de todas las edades: la inseguridad, la búsqueda de la felicidad, los altibajos de los amores y la soledad. Es poesía con tono universal.

La mayor parte de las imágenes en los poemas son tan familiares para los japoneses como para los extranjeros; frisbees, Coca-Cola, béisbol, McDonald's, cepillos de dientes y jazz. Es sorprendente que muy poco en el conjunto sea abiertamente japonés o pueda producir en los lectores extranjeros una sensación de exotismo, excepto quizá por algunos de los poemas del viaje a China. Hay ciertamente un trasfondo que es típicamente japonés, pero el mundo que crea Tawara es un mundo en el que con seguridad los lectores occidentales se sienten a gusto.

Las frutas comunes (limones, toronjas, naranjas y cerezas) y un surtido asombroso de verduras (tomates, apio, cebollas, espárragos, coles, arvejas, perejil, rábanos y coliflor) también figuran en los poemas. El protagonismo de frutas y verduras se enlaza con la imagen de la ensalada. Este término, que se basa en el título del libro, se puede aplicar con propiedad al resto del conjunto. Las tankas de Tawara son ligeras y digeribles como la lechuga fresca.

La autora se queja de que la atención se ha centrado en la utilización de vocabulario altamente contemporáneo pero que ésta no es la principal característica de su poesía. Aunque ciertamente podría ser la poetisa de la nueva generación, lo que realmente trata de capturar no es la jerga de los jóvenes sino esas epifanías menores de la vida moderna que ha denominado "vaivenes del corazón" (kokoro no yure). El lector experimenta una pequeña pero placentera dosis de lo que Edmund Wilson en un contexto diferente llamó una "descarga de identificación". Esto ocurre cada vez que la autora logra aislar un vaivén del corazón que parece corresponderse con alguna experiencia íntima del lector. Gran parte del gozo reside en la pequeña escala de ambos: la emoción y su momento. Porque el kokoro no yure de Tawara corresponde (o así lo siente el lector) con uno suyo, el lector puede leer su poesía con gusto. La satisfacción estética es similar a la de leer un haiku: el goce del breve momento rescatado del flujo de la vida ordinaria. Su poesía es más exitosa cuando la experiencia del lector es más cercana a la del poeta, de este modo se asegura de que las breves oscilaciones del corazón ocurran con frecuencia.

Al cerrar herméticamente el momento poético dentro de la esfera de sus emociones es capaz, en una mayor escala, de moldear las secuencias cuasi narrativas que sugieren el curso de un amor a través de las etapas diversas de felicidad y dolor, y al mismo tiempo de liberarse de la imposición exterior de cualquier contexto biográfico. Los personajes en los poemas de Tawara son anónimos y dejan los poemas abiertos a una multiplicidad de lecturas posibles. En último término, el atractivo de sus poemas yace en su universalidad, en nuestro reconocimiento cuando los leemos. "¡Sí, así ocurrió!" o "también lo he sentido". De eso se tratan los "vaivenes del corazón"; y es claro que ha tenido éxito por las resonancias que ha suscitado en el corazón de los lectores.

Otra característica distintiva del libro es su estructura. La colección está dividida en 15 secciones, cada una con título que constituye una unidad o ciclo. El primer ciclo "Una mañana de agosto", describe el inicio, auge y fin de una relación amorosa. Cada estrofa cobra dimensiones adicionales de significado de acuerdo con su posición en el ciclo, de este modo Tawara sobrepasa las limitaciones de las 33 onjis de la tanka, de un modo magistral. El desenlace de la aventura amorosa en "Una mañana de agosto" es exquisitamente retratado en una serie de estrofas en las que detalla los cambios sutiles en el comportamiento y el entendimiento mutuo que conducen inevitablemente hasta el fin. Los amores serpentean hacia su declive lentamente, sin melodrama o histeria, dejando tras de sí una resignación calmada y hasta un ambiguo sentido de alivio.

Nos sentamos: la espalda
contra el muro soleado, una pierna
al lado de la otra.
Ten en cuenta la forma
en que trazamos líneas paralelas.

En sí misma, esta estrofa podría ser la celebración de un momento especial de cercanía y satisfacción entre dos amigos o amantes; por otro lado, el hecho de que las piernas de las dos personas no se toquen, podría indicar que algo está fallando. La posición de esta estrofa en el inicio del ciclo; sin embargo, indica que corresponde a la emoción cuando el amor comienza. Los amantes están juntos, uno al lado del otro, completamente conscientes, pero aún no se tocan. Este ejemplo pone de relieve lo importante de tener en cuenta no sólo los poemas que preceden y siguen a una estrofa, sino la posición que ocupan en el ciclo completo, y así poder saborear todos los matices de significado; claro está, que cada poema también se puede leer y disfrutar aisladamente. El final del amor es aceptado, en este ciclo de tankas, como algo inevitable, con simple tristeza. La protagonista es incluso capaz de contemplar el cambio con un cierto alivio que al final es apropiado, porque no ha perdido el control: lo deja, y no a la inversa, y se marcha sin una gran carga de pesares o reproches.

Millones de mujeres japonesas parecen haberse identificado con el retrato de mujer que surge en esta poesía, un retrato que no podría calificarse como intensamente feminista. Mientras algunos poemas muestran a una mujer asumiendo el control de su vida, los otros le asignan un papel mucho más pasivo. La describen en el acto de la espera; bien sea en una visita, una llamada telefónica, una carta o algo intangible y desconocido. Es más, algunas veces el papel de la mujer no sólo parece pasivo sino que, -y sin ningún escrúpulo- es subordinado. Aún así, no siente ningún malestar frente a la espera. El matrimonio y la maternidad son vistos como acontecimientos naturales y apropiados en la vida de una mujer.

Es la historia de una mujer que se siente cómoda en su feminidad, con tendencia a enamorarse y que no le teme a permitirse el gusto de la fantasía de ser una concubina imperial, o aun la Campanita de Peter Pan. Al mismo tiempo, no se obsesiona por tener amores y no le afecta en gran medida la opinión que la sociedad tenga de ella. A menudo está sola, pero la soledad no la abruma. Capaz de mirarse en retrospectiva -y a su amante- y con objetividad, nunca se deja abrumar por las emociones. Lejos de exigir compromisos de largo plazo a los hombres de su vida, tiende a evitarlos, prefiere disfrutar cada instante. Bodas de ensalada parece encarnar ideales de madurez de Oriente y Occidente. En términos de las feministas Occidentales, bosqueja una mujer ciertamente liberada: tiene y sigue sus metas en la vida y no está dispuesta a cambiarlas sólo para ajustarse a la conveniencia de alguien más; pero tampoco se cierra del todo a la gente, y puede encontrar felicidad en las relaciones sin sacrificar su integridad. En términos japoneses, sugiere a alguien consciente de la fragilidad y temporalidad de los vínculos humanos y la importancia de vivir con los ojos abiertos para no perderse las maravillas del instante.

En conjunto, la sensibilidad es sumamente moderna, pero de todos modos se nutre en la tradición. Hace énfasis en la pasividad y la espera, conceptos que se remontan hasta épocas tan remotas como la Heian (794-1185), cuando las señoras de buena familia se quedaban detrás de las cortinas esperado pacientemente -o impacientemente- a que las llamaran los maridos o los amantes. Esto ya no ocurre en el Japón moderno, pero la relativa pasividad de las mujeres es un hecho en ese país, y sus poemas lo reflejan. Usando como trasfondo al amante sin rostro, el fanático del béisbol que le gusta la comida casera, capta una amplia gama de emociones amorosas, pero el sentimiento al que regresa con frecuencia, es el de la mujer sufrida que espera. Machi Tawara pertenece al linaje de las mujeres que esperan.

Quizá la respuesta más asombrosa a la obra de Tawara ha provenido directamente de los mismos lectores, quienes inspirados por sus poemas, se decidieron a escribir poesía. Le han llegado decenas de miles de cartas y en ellas más de 200.000 tankas; de las cuales casi 1.500 fueron seleccionadas por la escritora para publicar un libro. El participante más viejo fue un hombre de 91 años, y la más joven, una niña de 11. Es admirable la identificación de los lectores con la escritora, y más admirable el hecho de que no se hayan contentado con un disfrute pasivo, sino que hayan iniciado por su cuenta un flujo creativo espontáneo.

Al referirse al libro, Machi Tawara escribió: "No quiero creer en lo que continúa por siempre, sino en lo que dura para siempre. ¿Y qué es eso que dura para siempre? La belleza de las cosas comunes, de los momentos comunes que se aprecian en su totalidad y se viven a plenitud". Le fascinan los numerosos contactos que ha podido mantener con la gente a través del libro. A pesar de la fama que le ha traído la poesía, continúa siendo una persona tímida, una joven "común" que le gusta "cocinar, ir al mar y jugar cartas. Me hace falta la casa más que a nadie, pero vivo sola en Tokio. Soy medio loca, llorona y todo me sorprende. Simplemente Tawara Machi. Y a partir de mi vida simple, cotidiana, quiero seguir escribiendo tantos poemas como pueda. Es decir, quiero vivir intensamente, porque vivir es escribir poesía y escribir poesía es vivir".

BREVE NOTA BIOGRÁFICA SOBRE MACHI TAWARA

Cuando Machi Tawara nació, el 31 de diciembre de 1962, la mayor parte de sus familiares quiso esperar veinticuatro horas antes de registrar oficialmente su nacimiento. No sólo el 1 de enero parecía un día más favorable para un cumpleaños, sino que como 1962 era el año del Tigre, la creencia popular era que las mujeres nacidas durante ese año iban a espantar a los hombres cuando estuvieran en edad de casarse. Sin embargo, esto no preocupó en lo más mínimo al padre de Machi, un físico, quien siguió adelante y reportó la fecha de nacimiento tal cual. Su acción fue profética, porque la niña creció para convertirse en portavoz elocuente de la shinjinrui o "la nueva generación," a quienes poco interesan las creencias tradicionales, mucho menos la institución tradicional del matrimonio.

La infancia de Machi transcurrió en Osaka. Cuando cumplió catorce, su familia se mudó a un pequeño pueblo cerca de Fukui, donde asistió a la escuela secundaria. Su actividad extracurricular principal en esos días era la actuación; a menudo apareció en el escenario en las producciones de teatro de la escuela. Tuvo poco interés en la poesía hasta que ingresó en la Universidad Waseda de Tokio y tomó un curso con el poeta Sasaki Yukitsuna. Los encantos de la tanka la atraparon de inmediato, hasta tal punto que escribió su tesis sobre el arte de componer tankas en secuencia. Ella misma comenzó a escribir tankas y se unió al grupo Kokoro no hana en 1983. Tan sólo algunos meses después ganó el premio de tanka Kadokawa con el poemario "Una mañana de agosto". En 1985 se graduó en la Universidad Waseda y comenzó a enseñar japonés en la escuela secundaria Hashimoto en la prefectura de Kanagawa, pero su carrera educativa duró sólo cuatro años porque su primer libro de tankas, Sarada Kinenbi (Bodas de ensalada) fue un gran éxito de ventas tan pronto como apareció en las librerías en 1987 -con casi tres millones de copias vendidas-; hasta tal punto que se convirtió en uno de los libros más vendidos en la historia del Japón. Su autora se volvió una celebridad -solicitada por la TV y como conferencista-; hasta tuvo que dejar su puesto de maestra para atender los compromisos derivados de la celebridad inesperada. Bodas de ensalada ganó el premio de la Asociación de Poetas Modernos del Japón en 1988. En 1991, publicó su segundo libro de tankas, Kaze no tenohira (La palma del viento); y en 1997 una tercera colección, La revolución de chocolate. También es traductora de literatura clásica japonesa al japonés contemporáneo y crítica muy reconocida; ha publicado gran cantidad de libros de viaje y fotografía que han sido muy populares, y una serie de ensayos para periódicos y revistas como Asahi Shimbun Newspaper, Asahi Weekly y Bungei Shunju. Además de su trabajo como poetisa y escritora, ha formado parte de diversos comités incluyendo el Comité para el Idioma Japonés y el Comité Central para la Educación.

Notas a la traducción

(Un tratamiento más extenso del proceso se puede consultar en: http://verseria.com/tawara/inicio.htm)

En español no hay un verso que equivalga estrictamente a la tanka, su forma en nuestro idioma ha dependido de la estrategia escogida por los traductores o escritores. Como no es un género propio, no hay muchos argumentos para abogar por un "forma canónica". En esta versión de Bodas de ensalada proponemos la lira, por su esquema heterométrico de cinco versos y porque contiene endecasílabos, un tipo de verso muy natural en español. La combinación 7/11 trata de reflejar la asimetría de la alteración 5/7 de la tanka. Aunque los esquemas no tienen la misma disposición, 7-11-7-7-11 en la lira contra 5-7-5-7-7 en la tanka; ambas entreveran asimétricamente versos cortos con largos.

En el caso particular de Sarada kinenbi, por fortuna hay dos versiones publicadas en inglés, una de Juliette Winters Carpenter y otra de Jack Stamm; esto facilita en gran medida la labor porque permite una cotejación de ambas. El proceso empleado se basó en ambas traducciones, acompañadas por el original japonés en una suerte de "traducción semi indirecta". La idea fue tomar las dos versiones para compararlas entre sí, y contrastarlas con el original japonés con la ayuda de diccionarios electrónicos y de este modo ir construyendo la versión en español. La intención de emplear el original, manipulado por algunas herramientas informáticas, fue la de arrojar luces sobre la disposición de las palabras, sobre la tipografía del texto, además, que sirviera de guía en los motores de búsqueda en internet para encontrar imágenes que ayudaran a crear contexto. La traducción indirecta acompañada por el original, brinda una mayor confianza al traductor porque se pueden ver matices de significado que de otro modo se perderían; elimina un poco esa sensación de "ceguera" que se siente en la traducción indirecta simple.

Muchas dudas fueron consultadas en motores de búsqueda (Yahoo, Google) con la alimentación de las palabras en japonés; de esta forma los resultados obtenidos tenían gran riqueza; lógicamente este tipo de búsqueda se limitó a encontrar imágenes que permitieron enriquecer el contexto de las tankas. También cada tanka se pasó por el traductor automático de Google y así se obtuvieron unas simpáticas versiones de traductor automático, que algo aportaron. Para facilitar el conteo de sílabas en español en la elaboración de las liras se empleó el programa Rimar quasar, que realiza el conteo teniendo en cuenta sinalefas, hiatos, etc.; este programa permite trabajar por lotes, lo que facilitó enormemente la labor.

Referencias 

Keene, D. (1980). La literatura japonesa (Traducción de Jesús Bal Y Gay). México: Fondo de Cultura Económica. 
Sato, H. (1987). Lineation of Tanka in English Translation. Monumenta Nipponica, 42(3), 347-356. 
Stamm, J. (1988). «Postscript» en Salad Anniversary (edición bilingüe). Tokio: Kawade Bunko. 
Strong, S. M. (1991). Passion and Patience: Aspects of Feminine Poetic Heritage
in Yosano Akiko’s Midaregami and Tawara Machi’s Sarada Kinenbi. Journal of the Association of Teachers of Japanese, 25(2), 177-194. 
Tawara, M. (1989). Salad Anniversary. Tokio: Kodansha International.
(Traducción de Juliet Winters Carpenter) 
Tawara, M. (1988). Salad Anniversary (edición bilingüe). Tokio: Kawade Bunko.
(Traducción de Jack Stamm) 
Tawara, M. (1987). Sarada Kinenbi. Tokio: Kawade Bunko. 
Ueda, M. (1996). Modern Japanese Tanka. Nueva York: Columbia University Press. 
Winters Carpenter, J. (1989a). Tawara Machi: «To Create Poetry Is to Live». Japan Quarterly, 36(2), 193 - 199. 
Winters Carpenter, J. (1989b). «Afterword» en Salad Anniversary. Tokio: Kodansha International. 

 

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