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Octubre de 2006 - Año 3, No. 7 - 8

 

HÉCTOR IGNACIO RODRÍGUEZ

Amalfi, Antioquia, 1963. Medellín 1997

LA DAMA DEL SUPERMERCADO

Yo tenía quince años
y tu cuerpo se cuidaba muy bien
de no mostrar sus treinta.

Me llevaste a un motel la primera noche.
Pude haber sido tu hijo.

La segunda vez lloraste sobre mi pecho
por no tener la hermosura fresca de una
            muchacha.
Pude haber sido el padre de tus hijas.

La tercera noche
insinuaste posiciones intrépidas
y en la mañana pusiste dinero en mis
            bolsillos.

Señora rolliza de mis quince años
a mis veinte
te saludo desde la fila del supermercado.
Por esa forma de sonreírme
se diría que me perdonas
el no recordar tu nombre.

7:30 P.M.

Muchacha morena
de uniforme a cuadros la muchacha
cansada en bus cansado
ríe
la muchacha morena
y ofrece
su nalguita a muchacho delgado de tenis rotos.
En la oscuridad sin saber sus nombres
los muchachos se aman
y nadie más que ellos
odian ese borracho sin equilibrio
y adoran
esos saltos esos frenos inesperados.
Con cara de serios tiemblan
tiemblan porque el deseo muerde sus piernas
¡Ah!, sus piernas rectas que tiemblan
del deseo de no bajarse nunca.
Aunque él no conozca su nombre
el rostro de ella ilumina su rostro como en un cine
el ricito saltando detrás de su oreja blanca.
Ella
imagina la piel del muchacho entre el buso de lana
y apoya sus senitos en su espalda
como una hermosa confesión.
Las manos temblando en el pasamano
y un deseo de abrazarlo y desnudarlo todo.
Esa falda-nalga de muchacha, el buso el pecho de él.
La entreabierta bragueta la cereza rosada
pensamientos furtivos.
El pesado bus rugiendo
acercándose al barrio
como exhalaciones del cuerpo anhelante.

PEATONES

Por ese entonces
tú eras esbelta
rubia
18 años.
Una perfecta criatura.

La noche que tiraste la puerta en mis narices
comprendí que ya no querías escucharme
y todo quedaba claro:
tenías derecho a guardar tus propios secretos.

Ahora en la calle después de muchos años
vienes a cerrarme el paso.
Me recriminas por un modesto librito
de poemas
cuando deberías sentirte alagada
por ser la heroína de la historia.

Si me he tomado el derecho de incluir aquello
de tus peripecias en camas de extraños
fue sólo por devoción al realismo.

¡Ah!
Si no fuera porque sigues luciendo la belleza
de aquella musa que los inspiró
y porque soy todo un caballero
te daría una sonora cachetada en medio de tantos
desconocidos.

Ya lo sabes:
esas noches en que no quisiste oírme
fui a contárselo todo a la poesía.
Ahora
respetable señorita
le agradecería no entorpecer el paso de los
peatones.

 

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