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Ir a Contenido Julio de 2009 - Año 6, No. 13-14 |
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LA SAGA DE LOS CLAVELLINOS
ÁLVARO NEIL FRANCO ZAMBRANO
HOJA DE VIDA
Yo salí de un lote de 7 por 14
(con el corazón güeviado
-por las gambetas peludas de Carlitos-
y esta boca de olleta
a la que se le salen los cunchos
de tanto rasparle las palabras al padre)
a arrojarme desde el olor a guayaba
que vive en mis axilas
hasta el roto de zinc
donde guardo los dolores de muela
Afeitándome con agua café
los remolinos de labio leporino
que le coserían para siempre
la nata de vaca pintada
que le flotaba a mis silencios
Dándole respiración de palo
con mi mirada de seis años
a unos animales aorillados
en las rajaduras del verde
Sacando en un sombrero de cabuya
la timidez de una camada de ventanas
que iban a ser las bases
con que levantaríamos la casa
donde las lagartijas son el único galapo
de una generación de tías colgadas en el polvo
de un cuarto caoba
que se pudre en una abuela
peinada de nubes que no llovieron más
sobre algunas de sus preguntas
descaderadas en la greda
Apilando arrayanes
para que de algún rescoldo
emerja el abismo de los paladares
en la despedida larga de la yuca Sata.
CUENTA MI PAPÁ
Cuenta mi papá
que él nunca aprendió la palabra cangrejo
porque se encontraba en cualquier diccionario
mientras que cangarejo
la conseguía debajo de las piedras
en una quebrada que con su brisa de guayaba
sigue pasando por el pueblo.