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Ir a Contenido Julio de 2009 - Año 6, No. 13-14 |
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CONSUMACIONES
JULIO CÉSAR ARCINIEGAS MOSCOSO
PROFECÍA
Nací sobre el borde de la revelación del agua,
muy próximo al milagro de la corriente pura,
del higo, la fruta temprana,
la era del trigo y del maíz tostado,
de la arcilla porosa y la cebada verde.
Pero luego vi un agua repleta de ocasos,
de profecías untadas de aceite, las hojas caducas,
la voracidad del leño,
el pan crudo por dentro, la piedra seca,
la cosecha insípida, las vides ahumadas por el fuego,
suerte o acto de los que construyen la disolución,
el delirio de la herida,
los peces manchados de hollín,
los espectros del nuevo mundo, la lepra, la úlcera,
la danza estéril, la anemia o la sangre débil,
los defectos de las entrañas y el ojo vivo,
el suplicio del hombre a la vera del albañal,
(contagio, ofensa, ademán profano)
y su sueño temprano de cloaca.
AROMA
Vuelto del asombro, el olor de los bodegones
el verdadero aroma de Dios,
el que salta a través del precipicio, del vacío,
de las auras del sufrimiento, de la pretendida
muerte de las frutas,
de los utensilios gruesos, de las vasijas agitadas
y aquellas flores vehementes que se crispan
ante el ojo ondulante e ignorado.
"Bendito sea el cielo que trae el recuerdo
de los manjares", el olor de los ajos,
el aroma de chivo viejo, la cara de los mendigos
cuando nos ven mascar un pan de moho verde,
la cuerda del hueso, la mayúscula del hambre,
la flauta en la lengua,
y el fardel del pobre, vacío, extenuado,
con olor a lejano cobre.
Y para nosotros no hay calmante para la gula,
ni esperamos que el centeno, las tunas,
las espinas o las hierbas de la memoria maduren.
Sin más certeza que la quemadura o la santidad,
el olor lentamente envenena el sueño.