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Ir a Contenido Julio de 2009 - Año 6, No. 13-14 |
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JULIÁN MALATESTA
(Miranda , Cauca, 1955)
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Nacido en Miranda, Licenciado en Literatura de la Universidad del Valle. Maestría en Comunicación y Diseño Cultural. Se desempeña como profesor titular de la Escuela de Estudios Literarios de la universidad del Valle. Ha realizado trabajos como actor y director de teatro en diversos lugares del país; es un activo promotor cultural, campo en el cual ha desempeñado funciones como asesor de instituciones culturales. Parte de su obra poética y de sus ensayos sobre crítica literaria y cultura han sido divulgados a través de libros y revistas de circulación nacional e internacional.
En el 2007 participa en el IV Festival Mundial de Poesía en la ciudad de Caracas y en todo el territorio de la República Bolivariana de Venezuela, evento organizado por la Casa de las Letras Andrés Bello y por el Ministerio de Cultura.
En el 2008 sale a la luz su libro de ensayos La imagen poética.
LA MARCHA
Nos deslizamos entre los mangles,
Las piernas se nos hundían en el fango
Yo pensaba que nos volvíamos raíces
Que los mangles generosos adoptaban recibían como propias.La jornada había sido larga.
Mis compañeros entre joviales y adustos
Imitaban el lenguaje de los árboles:
La rudeza del silencio
Haciendo pública la dura fatiga.Los hombres de la guerra,
En las proximidades del combate no hablamos,
El silencio nuestro es una zozobra
Que sólo calma el estruendo de los explosivos.
Cuando uno va hacia la batalla, así el sol cuelgue
Como un fruto maduro de la copa de los mangles,
O descienda a las aguas como un alcatraz cansado
Que sólo anhela los pequeños crustáceos de la ensenada,
El camino es oscuro, la única luz que percibimos
La da nuestras pupilas dilatadas,
Todo es sospecha en esta región
De susurros y súbitas presencias.Arturo dice: ya se ve la aldea,
Y yo le digo a Antonio: ya se ve la aldea,
Y Antonio le dice a Tania: ya se ve la aldea,
Y Tania le dice a Francisca ya se ve la aldea,
Y este simple mensaje es un trozo de hielo
Que pasa de mano en mano y se disuelve en la retaguardia.Ahora el silencio es más agudo.
La leve caída de una hoja sobresalta a la columna,
alerta a la alondra,
Y si la alondra vuela, hay extraños en el territorio.Yo observo al comandante,
Sé que le pesa la batalla de Bojayá
Como las cien mochilas de dotación
Que cargan sus combatientes.
Con la dureza de los viejos guerreros
El hombre murmura y se lastima solo.
Hay cosas que en la guerra uno no se perdona,
Pero suceden como la tempestad
Que de improviso desborda los ríos.De pronto deja oír su lamento
En la moldura de una cruda sentencia:"Sin la guerra, no tendríamos
Esta civilización de mierda
Que sin embargo nos enaltece".Entonces le digo riendo:
"Sin los crímenes del cristianismo
No estaríamos aquí, comandante..."Me mira con sorpresa.
Presiente que hay una filosofía muriendo
En medio del peligro."La tradición, hermano -dice-, ha bebido más sangre que vino".
De nuevo el silencio...
El sigilo es una espesa niebla
Hecha con el aliento de todos los compañeros.