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Noviembre de 2007 - Año 4, No. 10

 

JULIO CÉSAR ARCINIEGAS

ABREVIATURA DEL ÁRBOL
GANADOR
PREMIO NACIONAL PORFIRIO BARBA JACOB, 2006

PARAÍSO

Después de crear el árbol fundante de la tierra, lo ocultó
bajo la sombra de su primera letra y el bestiario que
viviría hendido en la inocencia de la simiente.

Los hombres, antes de ser desnudados, tuvieron
vergüenza de la mordedura.
El árbol se echaría a volar.

ALGODÓN PEQUEÑO

El horizonte se curva de tanto oír
y de llevar nada distinto a la remota
saliva de las constelaciones,
Al árbol se le ocurre consumir
las memorias de la piel, su crianza,
su verbo de especial cuidado.
Me recuerda el compás de los
elegidos meciéndose sobre las
subastas del viento.


MADRE DE AGUA

A pesar de todo vive entre dos palmos de aire,
sitio donde presagia el agua
y afila la forma que se toman los reflejos.
Debajo se deslizan breves las pulsaciones ocultas.
Merced a un acorde de líquidos pasa la fila de fantasmas.

Este árbol es parte del sol que da la cuántica y toda
cercanía a la tensión de la flor,
la que se alimenta del barro del fondo del estanque,
y flota, y se revela desde la confusión hasta la luz.

HOJAS DE VENCIMIENTO

El iletrado limpia la memoria de la luz,
abre su funda para contar las fugas de la sombra,
el espectro que en las exactitudes del aire
apetece la ausente claridad y mancha con números
todos los seres increados.
El árbol es un guerrero que olvida las ondulaciones
del arco para caer en el sueño de la estalactita.
Gentil desde sus círculos, estira los actos de sus
ramas y su sangre asciende por la figura de quien
lee imágenes transportadas a lomo de hormigas.


LIMÓN

En un corte de inútil cartera,
tras los fueros de la sed,
al limón le dolía la última espina del costado,
aquella fragancia olvidada del cielo.
Es el árbol que anuncia las rayas del vinagre,
el diálogo de las nueces,
las alianzas de los insectos
y las hendiduras de su propia acidez.

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