Hoja de furias

Apartes de las palabras del poeta Juan Manuel Roca en la presentación del libro Hoja de furias en la Fería del libro y la Cultura de Medellin 2019

En este libro, el yo da un paso a algo más colectivo, aun cuando esté hablando en determinado momento de su ámbito familiar, de su madre, de sus lugares sagrados --que generalmente son los de la infancia--, y lo hace de una manera tan despojada, que lo que importa no es ese yo mayor, ese do de pecho que dan los poetas egocéntricos, sino que está al servicio de una creación de imágenes.

Para mi gusto, la poesía está vinculada con todas las artes, por supuesto que tiene que ver con la música, pues la palabra, la eufonía de las palabras es música, cosa que también encuentro en este libro. No es la palabra sonora, estentórea, sino la que tiene un ritmo interior, es la palabra que parece encontrada en el inmenso pajar del lenguaje, la palabra justa. Las imágenes a veces dislocadas, de un toque algunas veces surreal, tienen la virtud de que están atravesadas por lo cotidiano. No es una imaginería que arranque privativamente del sueño, de lo onírico, sino una imaginería que arranca de la realidad.

Por fortuna Juan de Frono no es un poeta realista. Jean Cocteau decía que a los espejos les haría bien reflexionar antes de devolver las imágenes. Y tiene toda la razón, porque hacer realismo con la poesía no es bueno. Tenemos la prueba del realismo socialista y de otros realismos de orden ideologizante, de puño cerrado. Uno encuentra que su poesía no es realista, pero está sucia de realidad. No es donde lo que nos pasa sean las fuerzas caóticas, cotidianas del mundo moderno, la violencia, la transgresión, el deseo de preservarse frente a esa fuerza impulsiva de autodestrucción que vivimos los hombres, devorándonos a nosotros mismos.

Yo recomiendo mucho este libro, además porque hay una serie de lecciones que no son de orden pedagógico, académico ni semiótico, sino de lecciones de comportamiento frente a la vida, de preservación de un espíritu. A mí me sorprende mucho, pero mucho este libro.

La poesía es lenguaje, y encuentro allí que no hay artificio en este lenguaje, es un lenguaje que se nutre de lo cotidiano, le hace guiños a esa realidad que vivimos todos como parte de una sociedad; pero es un lenguaje cuidadoso, que también tiene un lirismo, que también está sucio de realidad. Este libro huye de la poesía preconcebidamente poética, del facilismo manierista. Es una poesía muy suscitadora, muy bella. Me siento muy honrado de presentarlo.

Juan Manuel Roca


Foto / ojos

Con unos ojos. Estos / que esconden la verdad de las cosas
Unos ojos. Estos / que a veces / por un relámpago /
                                 muestran una escena minúscula:

si te fijas en uno de esos relámpagos reconocerás un niño
                                                                 solitario en un balcón

un niño solitario que mira la tarde / mientras espera a su
                                                                                           madre

un niño que muerde el universo el aire y la calle abandonada

y espera / ojos atentos / que el amor y la vida aparezcan

y años después todavía espera
espera
que la vida y el amor sobrevivan a la tarde / y permanezcan
                                                     en pie cuando llegue la noche.


 

Experiencias 3

Una mañana y no hay nadie despierto.

Mi madre no duerme.
Mi padre duerme y ronca con las manos en el pecho /
                                                                como un cadáver.

Mis hermanos duermen y mis vecinos / es probable /
                                                             sueñan y duermen.

Una mañana / luego de una noche de insomnio / la
                                                            primera de largos
e interminables meses:

mientras pienso en el mundo imposible
mientras pienso en el futuro esfumado
mientras pienso en dominar el tiempo

y cómo dormirlo

y quepa íntegro en el corazón
lleno de ausencia.


 

Datos / libreta militar /

Dijeron: allí amanece cien veces igual/y haces cien veces lo
                                                                                              mismo.

Dijeron: en un minuto sientes cien veces el miedo.

Dijeron: no es difícil aprender a disparar contra el aire la
                                                            muerte y los enemigos.

Dijeron: es más difícil aprender a estar solo
solo entre todos y nadie / solo entre las paredes y la noche /
solo entre la eternidad y los árboles.

Y yo recé para no mirar aquello con los ojos despiertos.
Recé con el fervor azul del adolescente / copiado del cielo.

Recé como antes de mí lo hizo César/ que perdió el brazo
izquierdo en el miedo y como antes de mí lo hizo Pablo / que olvidó el ojo derecho
en el miedo
y como antes lo hicieron Antonio / Simón y Lucas / que
dejaron en su orden la inocencia los dientes y el sueño

y el miedo les regaló cicatrices
y el miedo les regaló depresiones
y el miedo les dejó pesadillas.

Pero no todo es malo. Y tengo dos pruebas:

la de Milton que se fue enamorado de Gloria y supo que
el amor no estaba en la forma de ella y sí en la de Pedro
y la de Wilson que fue mariposa loca y raro / y su voz
                                             sacó del pantalón a su padre
y tuvo que hablar como hombre / y ahora es un hombre
de verdad
dice su padre.

Recé por todo:

por mis brazos y mi ojo derecho
por mi inocencia y todos mis dientes
y por mi sueño.

Y por encima de todo
recé para que mis padres le hicieran trampa a una
antigua pobreza
y compraran a cuotas el papel que me daba la libertad
para no disparar

contra el aire
contra la noche
contra alguna cabeza sin nombre.


 

Firmas 6

La profesora Edilia envió un mensaje con estas palabras:

Es un niño inteligente y aprende rápido / pero a veces se
                                                                                para y busca
la ventana para ver a la gente pasar
y hay que decirle dos / a veces tres veces / que vuelva a
                                                              su puesto y se quede
quieto.
Y firmó.

Y después de ella las profesoras X / Y y Z.
Y firmaron.

Y después María / quien me enseñó a leer / y no firmó
                                                         un papel sino la palma
de mi mano derecha con un reglazo limpio

pum / nombres completos con apellidos completos
estampados en la palma de mi mano
que se quedó solitaria mirando con tristeza
el techo las telarañas y la luz.

Y tuve miedo
por primera vez tuve miedo
miedo de las palabras y los golpes.

Y hoy quiero golpear esta página para que sienta miedo
golpear las palabras
para que sientan miedo
para que sientan miedo

y luego poner mi nombre / en un balcón en llamas
y saltar al vacío.

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Autor: 
Juan de Frono
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