El lugar del canto

El juego
consistía en fundirse con la nada
en el subsuelo de lo pleno:
raíz de fuego,
pájaro que palpita en sus cenizas
para surgir del fondo de la tierra
y saltar como un pez
que cambia su elemento
para rasgar el aire con sus alas.
Su fin es su principio.
Liberar las palabras:
dejarlas en la cuna de la nada
bajo el estruendo del silencio.
Y gritarán cuando la transparencia
diga:
–Que el verbo se haga carne.

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Autor: 
Nicanor Velez
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