Lucía (del verbo ‘lucir’)

Lucir: del latín lucere: brillar con luz propia.

Lucía
-siempre-
Con la tranquilidad
de un pájaro volando en la tierra
al que apuntas con el dedo
para no perder de vista
los anhelos (secretos) de su mirada.
Y qué voy a decir yo al respecto
si a ella se le queda pequeña
cualquier metáfora.

Lucía
(para mí)
Como un precipicio:
Ella no lo sabe, pero el mundo entero
estaba bajo sus pies.
Y, sin embargo, la prisa no entraba en sus pasos.
Yo había conseguido perderle el miedo,
y quise encontrar el camino de vuelta
siguiendo su rastro.

Lucía
(en los días de lluvia)
la facilidad de una ventana abierta
que te deja observar el mundo
a carcajadas
a través de sus ojos.

Lucía
(al mirarme)
un sueño que no llega,
un abrazado que se queda
sus
         pen
                   di
                                  do
en el aire.

Lucía:
un enjambre de versos
que galopan con rabia
mis intentos distópicos
de silencio
al verla caminar.

Lucía:
amor, vida, risa.
Amalgama de luz y poesía
que calienta mis manos
en las tardes eternas
de café.
Arquitecto de lo inacabado,
para que no haya una última vez.

Lucía
como un sitio al que volver,
como un cuerpo en el que no cabe la pena.
Prometo que en realidad es el aire quien
la respira a ella.
 

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Autor: 
Gloria Castro Ballester
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