Reseña sobre la obra de Max Ritvo

Reseña de Lucie Brock-Broido publicada en el Boston Review (23 de septiembre de 2015)

Max Ritvo es un poeta de arrebatos. Es un transmutador del tormento y depositario de "la esperanza alada". También es un realista, un cómico talentoso, un astrónomo, un niño prodigio, un surrealista, un genio y un dispensador del goce puro (y del impuro). Su obra se compone, simple y llanamente, de inocencia, lujo y frenesí. Está recargada con calor mamífero; es un tótem de encarnación y asombro. En los borrosas galerías moradas de una muerte inminente, su obra es fulgurante y sucia, enigmática y ruidosa, llena de vitales compasiones y pasiones, y arrebatos.

Cuando recibimos el primer manuscrito de Ritvo, altamente provocador, Ocho reencarnaciones,  nos sentimos perplejos al ver (o escuchar) un joven en las increíblemente delgadas orillas del tablado de sus versos, preparado y dispuesto (y con una voluntad fervorosa) de caer, sin caer, sin abandono, sin restricciones. Corre el riesgo de hacer el ridículo. Corteja la gloria. Apenas alguien está listo a preguntar (ojos abiertos, preocupado) ¿En verdad  está dispuesto a poner este tema por escrito? Ya lo ha hecho, y no hay forma de dar marcha atrás.

Y deseamos que continúe, que continúe con el embeleso inverosímil de su lustre, el resplandor de su efervescencia (incomparable). Uno quiere que su obra perdure: en este mundo y también en el otro. Puede escribir sobre la belleza atroz. Puede lograr que lo horroroso se humanice. Deseamos que su forma de ver la vida continúe, sin parar. Su temática es lo ilimitado, pero constreñida por el aliento (y el alcance), duro y desalentador de los límites. No solo la temática del tipo abstracto que todos podemos concebir, todo preparado. Sino del tipo concreto. La realidad del mundo real. Todo lo que está presente en esta vida, transformado por la cercanía persistente del final.

Sección: 
Autor: 
Lucie Brock-Broido
Número: 
Traductor: 
Armando Ibarra