Odias la poesía

(Gamoneda revisitado)

Odias la poesía, dices, pero me amas,
y entonces recuerdo aquello de «la justicia
de las cosas, es decir, la poesía de las cosas»
y reímos mientras acaricio tus pies
pequeños y perfectos, y olisqueo tu nuca
que huele a arena, perfume y sal. Cierras los ojos
y suspiras.
Luego, ya en la cama, busco de nuevo tu aliento,
esa breve señal entrecortada de tus hombros
—la piel en guerra—
que me hace saber que tu cuerpo y el mío
comulgan húmedos y exactos al fin.

Después ya tarde, ceñida mi sombra
al olor de tu cuello —lentos y abrazados—
recuerdo aquello de «en la humedad me amas»,
y reímos al observar nuestros pies fuera de las sábanas.
Odias la poesía, dices,
mientras paseas tu cuerpo desnudo por mi casa
—de puntillas, revuelto tu cabello en el aire—
y digo «mi manera de amarte es sencilla».

Desnuda regresas —cada noche—
con tu belleza entera
preguntando no-sé-qué (ay si no fuera por ese no sé-qué),
buscando —dulce animal— mis palabras más salvajes,
esas —impuras y dóciles— que yo te doy sin dudarlo.

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Autor: 
Alberto Santamaría
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