Monólogo de una despedida

¡Malditos zapatos!
¡Otra vez rotos!
¡No se puede confiar ni en lo que llevas puesto!

Como si al camino le importara que mis pies sangraran
cuando enfrento pasos desnudos de mapas
libres de minutos y horas.

Lo único que tengo
Y nunca cambia a pesar del acoso del tiempo
es esta sombra que refleja la luz de la calle.
¿Qué pensará mi sombra del cuerpo que le tocó?

“Déme un cigarro por favor.  ese no, el otro. Gracias”
“¡Hace un frío infernal!
¿No le parece?
Hasta siento que mis latidos
revientan escarchas de hielo en mi alma.”

¡Qué hermosa es la noche!
Enamorarse de ella es un riesgo
que vale la pena correr.

Los cigarros son como el amor.
Duran poco y terminan enfermándote.
¡Ah bueno! Ysin cura para ello.

“¡Joven déme otro cigarro!”
Sucede que me marcho
y no sé, si ella quiera volverme a ver.

Ya casi llego al bar.
en la solitaría barra le haré el amor a tu recuerdo
de noche enferma y humo que besa en la distancia

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Autor: 
John Raigoza
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