La joven Tarentina

Llorad, dulces alciones, oh pájaros sagrados,
A quienes Tetis ama, llorad, dulces alciones.
Que ya no vive Mirto, la joven tarentina.
Una barca la estaba llevando a Camarina.
Las canciones, las flautas, la boda, lentamente
Debían conducirla al seno de su amante.
Una llave celosa guardó en esa jornada
En un cofre de cedro sus atuendos de boda,
el oro que en la fiesta sus brazos ornaría,
los perfumes mezclados para su cabellera.
Pero sola en la proa, invocando una estrella,
El impetuoso viento que soplaba en la vela
La envuelve. Y en asombro, de nautas alejada,
grita, cae, y está en el seno de las olas.
Al seno de las olas, la joven tarentina.
Rodó su bello cuerpo bajo la ola marina.
Con los ojos en llanto, Tetis, en oquedades
rocosas, de los monstruos voraces la ha escondido.
A sus órdenes pronto las nereidas hermosas
por encima del húmedo abismo la han alzado,
la llevan a la orilla, y en aquel monumento
la han al cabo del Céfiro con suavidad posado.
Convocan luego a otras a gritos a desde lejos,
las ninfas de los bosques, las fuentes, las montañas,
todas dándose golpes de pecho y en gran duelo,
repetían: “Ay, ay!” en torno de su cuerpo.
“¡Ay! No fuiste llevada al seno de tu amante.
No has podido vestirte tu traje de himeneo.
En torno de tus brazos ya no se anudó el oro.
Los perfumes ya no han ungido tus cabellos”.

Sección: 
Autor: 
André Chénier
Número: 
Traductor: 
Rodrigo Escobar Holguín