Entrar al poema

El poema no da abasto con las palabras.
El poema no descansa
se sigue escribiendo
con los ojos cerrados
su lengua sigue atada a los juegos verbales
a astucias impensables
en la mitad de la página.
Las palabras hacen fila
en la puerta del poema.
Se agolpan
quieren entrar en manada
pero el poeta las frena
y empieza a llamarlas
en orden de lista
el poeta se reserva ese derecho
sólo se entra al poema con invitación.
Las palabras se cansan del tumulto
y se van: culpa del poeta.
La última palabra acaba de irse.

Autor: 
Sandra Uribe
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