Por si vas a darme de comer

Puedo comer de tu mano como un pájaro
inclinarme a beber —como un ciervo— en tus ojos...

Es en este acto de las visitaciones
cuando sacio mi hambre   mi sed de clavicordios
—de palabras que son hacia ellas un símbolo
donde tengo que hurgar para encontrarte.

En ese solo de vida en que te espero
—con la lengua tendida hacia el milagro del vino
arqueándose en la hondura de los vasos rebosados de trigo—
cabe todo el ritual del cachorro amamantado
de la boca entreabierta
que besa en la boca a la boca descorchada
y pacta el salmo de los fieles 
que se echan al gaznate
la sangre y el cuerpo del hijo pródigo oloroso a levadura.

Puedo lamerte las pupilas
pastar temblando en la largueza de tu superficie
las migajas del vino que se ofrendó a los dioses
pero témele:
has de saber
que si me das de comer como al cisne   como al ciervo
existen trampas agolpadas en los frutos
en los círculos iridiscentes del lago donde bebo
en el ansia con que regurgito una y otra vez el adentro de tus párpados
para lamerlo despacio con mis mañas
con mis ritos de ave y bestia que puede huir despavorida si te acercas
pero que deja intacta la planicie de tus aguas
y queda quieta en su fijeza:
haciéndole la venia a tu mano extendida. 

Autor: 
Jamila Medina Ríos
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