Los poetas frente a una mujer de tabaquería

Para Yunier Riquenes García

No hallará paz el cadáver del tabaco
bajo su mano afilada.
Un tajo la separa de su prójima enemiga
y el combate diario les llena el pecho
de un murmullo febril.
Es el espíritu de esa mujer
lo que devuelve la boca del extranjero,
plácido sobre la tarde,
enfundado de un terco dominio,
pues el humo delata
cómo los peces del cansancio
tiran el verano de esta ofelia inmarchitable.
ella levanta su templo en la risa de la navaja,
ignorante de otro siglo,
cuando una hermana de oficio fue segada
en plaza pública,
y apunta su guillotina hacia el verbo del poeta.
Ah, los poetas interrumpen a la virgen de ceniza,
demoran su cosecha cuando, obligada,
los aplaude dando golpes desafinados
con el hacha sobre el madero.
Los poetas viajan por los altavoces
con noticias de muerte.
Ninguno torcerá una hoja
como gesto solidario,
ninguno separará el vinagre
en la sed de esta labriega.
Convencidos de haber resucitado
el alma trunca de las hojas
se marcharán
abandonando en la escena
a la actriz amateur,
que tomará callada su bicicleta de hueso
y en pedaleo interminable
descubrirá su rostro una luz más digna
que la del vino acompañante
en el lejano festín
de los poetas.

Autor: 
Liuvan Herrera Carpio
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