La voz del pájaro flauta

—Shólojov—

En medio de la calle el canto del ave puede interpretarse como un auspicio. Es posible que allá en la colina, bajo la volátil forma de la madre se quiebre la cáscara del sueño, y emerja del blanco vidrio roto la oscilación de un ala, el pálpito de un pecho. Es posible que tras el acento, ¿melodía o soplo?, el nido oculte la aridez de antaño.

Puede que el canto pase como una estación feliz a la memoria, mientras bajo la cáscara cese súbitamente el golpe y no surja, trémula, La Vida. Puede que en el rostro de un viajero asome la ilusión con forma de ballesta. No a todos la melodía le augura abundancia de mosto y vino. No a todos. Para algunos el canto es apenas comprensible y en sus sílabas encuentran con qué herir los ojos.

En la colina, el ave, como si ensayara una pieza vital, permanece contra el desvelo y las sombras ojivales. Contra el reino mudo de los hombres y sus flechas. La quebradura ruidosa, blanco vidrio de cáscara deshecho contra La Muerte, los auspicios, palabras más huecas que el silencio. Bajo la volátil forma de la madre la oscilación de un ala, el pálpito de un pecho.

El ave canta por La Vida, sin sospechar que el canto revela su posición exacta. El cazador se acerca. 

Autor: 
Moisés Mayán Fernández
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