Imprudence tienda de humo

Sentía los signos llegar a mí
como círculos concéntricos de agua.
Me dije: Adelantando el invierno alguien viene.
Yo estaba ciega por blanca escarcha.
Fumaba mis cigarros con manos que temblaban
no de frío.
Era julio, era diez de julio en una tienda de humo
llamada Imprudence.
No cesaba de mirarme en las vidrieras
de aquella tienda de humo:
no era bella como antaño
mas la ruta de la seda pasaba a través de mí.
Ya no importaba ser bella
—abanico levantado por los dioses
era un mito en mi coto de caza—.
Pero alguien adelantaba el invierno
y confundía su emoción en la densidad del aire.
Seguiría esa emoción como un hilo adonde me llevase.
Ella, la Reina de las Nieves en su armiño,
avanzaba llenándolo todo de significación
(aun si no existiese la que habla
lo llenaría todo de significación).
Su sombra rectángulo de luz
en la luz de la plaza para siempre.
Ella desafinaba a los paseantes con su ritmo hierático
caracol de sonido
en los inconsistentes sonidos del mundo.
Como un fragmento de Dios
la vi al unísono bajo la luz distinta de los meses
vi sus ojos memorables.
Enmudecieron los signos
como piedras que se pierden bajo el agua
y el mundo fue una esfera de paredes nevadas
que mi mano sostuvo un segundo   una estación.
Si esta angustia de índigos cesase.

De repente trepidaban superficies
y hacia mí corrían silenciosos caballos
deshaciendo la tienda de humo
atravesando espejos irreales.
Me dije: Esto no existe
son sólo palabras que te soplo
para cubrir tu hermosura demasiado grande
.
Era diez de julio pero invierno
invierno, opacidad narcisista, mi casa.
Como culpables postales donde no transcurre nada
lentamente comenzaban a emerger los parques.

Autor: 
Isaily Pérez González
Número: