Existo como el musgo

Existo como el musgo debajo del fregadero, como los caballos que me trasladan casi a diario. Existo en silencio y casi nunca pienso; existo por inercia, porque no sé si hay otra fórmula, otra manera de morir.

Existo y prefiero la tierra caliente entre mis pies, el dulzor manchoso de los marañones, el agua recogida en cazuelas, agua de guano, agua que parece café, agua sucia con aspecto de alimento —pero no alimenta. Otro embuste, otro engaño.Hago clic. La cámara me aprisiona. Traigo una niña entre mis brazos. El viaje desde el engaño hasta la verdad puede ser eso de quedarnos quietos uno al lado del otro tomados de las manos encima de un zinc húmedo como el que nos calaba la quietud.

Qué democracia tan rara tienen los vasos de las cafeterías. Rozo mis labios por el borde de uno que ayer, anteayer, hace tan sólo diez minutos le sirvieron café al mendigo más sucio. Lo sé por la marca de su boca.

Boca llena de zanjas, pequeñas heridas por donde se resume la sangre.

Yo vi a mi madre lavar cordeles de paños manchados desde su interior, palanganas de agua color siena, agua sucia, agua flemosa por entre los dedos de mi madre. Los paños de un color amarillento puestos al sol, el sol que nunca los blanqueará.

Cientos de hormigas avanzan por mis piernas, me iré al mar, me iré por ahí, iré a buscar o a morir el poema. 

Autor: 
Yanier Hechavarría Palao
Número: