Elegía por Ernest Hemingway

Ahora por primera vez en la noche de tu muerte
Tu nombre se menciona en conventos, “ne cadas in
obscurum”.

Ahora al sonido de una verdadera campana, tu historia
Llega a su final. Ahora,
Hombres en monasterios, hombres de réquiems, familiarizados con
La muerte, te incluyen es sus oficios.

Te levantas anónimo entre miles, esperando en
La oscuridad de grandes estaciones en los confines de paises
Conocidos solo por el que ora, donde los fuegos, esperamos,
No son despiadados y no carecen de fin.

Tú pasas brevemente en medio de nosotros. Tus libros y
Escritos no han sido consultados: nuestras plegarias son
“pro defuncto N.”

Y sin embargo algunos miran hacia arriba, como si entre una multitud
De prisioneros o personas desplazadas, distinguieran a un amigo
Conocido alguna vez en un lejano país. Para ellos el sol también
Se levantó después de una olvidada guerra sobre un idioma
Que tú hiciste grande. Ellos no te han olvidado. En su silencio
Aún eres famoso, no una sombra ritual.

Qué lentamente dobla esta campana en la torre de un monasterio
Por toda una edad, y por la prematura muerte de una dinastía
No lista aún, y por esa valerosa ilusión: ¡el intrépido
Yo!

Y he ahí que con un disparo se dio fin a toda una cacería.

Sección: 
Autor: 
Thomas Merton
Número: 
Traductor: 
Bernardo Gómez