El poeta patriota

Dice que tiene veintiocho años. La dinamita de la universidad 
Sigue impregnando su espíritu.
Una melancolía fría en su mirada, quita las ganas de hablarle, 
Lo pone a andar cojeando.
Una mano en su tableta, ama suspirar:
Compadézcanlo, buenos amigos, aquel aparato es su Sancho;
No ha podido encontrar, en su tierra fría,
Más que una felicidad: confirmar que está solo. 

Llora frente a todos nosotros, moderno Segismundo;
Se lamenta por no creer en Dios ni en el destino, ni en el amor,
Y ustedes temen que desee, en una ciudad extranjera,
Dejar su última escansión lanzando al abismo sus huesos.
No; él ama palabrear de la muerte y dar saltos sin alas,
Pero no quiere morir. Cuando posa su teléfono en la barra,
Le dice a la mesera: "Díme, mujer, cuánto te debo 
"Y mírame a ver si existo."

Y ustedes la pasan diciendo: "La poesía es un oficio menor;
"Nada nos dice su vanguardia: "Dios, protégelo del temporal,
Ya que al menos no es peligroso."
Luego les sorprende verlo, enérgico,
Jurando que llegó antes que Jesucristo, sin la llave del porvenir:
Poeta, se nutre de lo asquiento y los desechos;
Hombre, se endeuda y tiene amantes. 

Porque se aprendió de memoria su teatro;
Tras las bambalinas ríe, se embriaga de entusiasmo, 
Y cuando aparece en el escenario ante nosotros,
Es la sombra de un perro. 
Este triste bien alimentado acaricia su puñal. 
Es iconoclasta, odia la existencia:
Si se le acerca una chica atractiva (lo que adora)
¡Da igual, dirá que es Olafo El Amargado!

¡Oh! Es un tipo raro un poeta patriota,
Sueña con valquirias y sirenas;
Con carnavales interminables,
Y los Bernie Sanders al menos posibles.
Lleva en su mochila ropa deportiva y tragedias griegas;
Mezcla de soldado y hombre de letras,
Golpea la mesa con el puñal para darle ritmo a sus palabras
Ya sea en París o en cualquier parte.

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Autor: 
Juan Sebastián Rojas Miranda
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