El poeta

Para Arístides Vega Chapú,
un valiente de David

Señor, ya lo has dicho todo,
sin embargo, mi palabra
quiere también cuando labra
infundirle vida al lodo.
Sólo tú sabes el modo
de que la muerte se asombre,
pero el milagro es el hombre
cuando en verso se prodiga
porque tu ángel lo bendiga
o le revele su nombre.

No temo fin ni anatema
pues nada iguala a la fiebre
cegadora del orfebre
cuando engasta fina gema.
Adentro tu verbo quema
y vuelve oro cuanto toca;
brota el agua de la roca
para saciar mi lamento
porque es también alimento
la palabra de tu boca.

Pero en las tardes umbrosas
he sentido como cierta
la penumbra que despierta
los fantasmas de las cosas.
Vienen, Señor, procelosas
las palabras que te agencio
cuando humillado sentencio
a quien por carencia grave
oída tu voz no sabe
que lo demás es silencio.

Autor: 
Sergio García Zamora
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