Blanco

La cuerda no,
ni el arco. La mano
acaso. Seguro
el aire, su música inaudible
hilando la eterna textura del instante.

Como si apareciera
una vasija con agua en el desierto más duro
y bastara con pronunciar la palabra
para que la sed claudicara.

Tiene mucho de milagro
el viaje de una flecha.

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Autor: 
Jorge Castro Vega
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