El río que conocí en concierto

Cerca del Puente Carlos
aquí en Praga
me bebo una cerveza,
y la recuerdo…

La conocí en el tren,
hablamos en francés
(mi pésimo francés),
en dos horas de viaje
congeniamos,
hablamos de Colombia,
del café, de esmeraldas,
de su selvas y ríos:
el Cauca, el Magdalena y el Patía,
y por este camino llegamos
al Moldavia.
Ella me dijo
que podría conocerlo
en un concierto.

Llegamos a la sala
muy temprano,
me contó que el Moldavia
es el mismo llamado Río Vltava,
el mismo al que
San Juan Nepomuceno
en el siglo catorce
fue arrojado a morir.

El concierto empezó,
ella me fue diciendo
como las flautas del principio son
las dos corrientes de agua
en las que se origina.

Poco a poco
el caudal va aumentando
y pasa por los bosques
donde trompas de caza.
indican aventuras
quizás de tiempos
de la Gran Moravia.

Más adelante
se oyen campanillas
porque una alegre boda
se celebra en la orilla.

En la sala
el público navega
se percibe la acuática corriente,
el fluir de la paz y de la calma.

De pronto
el ritmo se acelera:
maderas y metales
y timbales,
y golpes de platillo,
hacen que
el manso río
se convierta
en rápido raudal.

Y al final nuevamente
el majestuoso río
vuelve a la calma,
cuando imponente
está llegando a Praga.

En el concierto
también se presentaron
más obras de Smetana,
pero en mi mente
quedará por siempre
grabado el río
que conocí en concierto.

Cerca del puente Carlos
me bebo una cerveza,
y mientras la recuerdo
miro el río…

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Autor: 
Bernardo Correa Prado
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