Gerardo Rivera

Los azulejos rasgaban el aire, dice él, al recordar al Medellín de los años 50, que lo vio crecer y de cómo en lugar de salir a jugar con los otros niños, él, encerrado en su cuarto, era feliz con sus libros; Robin Hood, El Corsario Negro, El Capitán Nemo y los misteriosos cielos estrellados de Las Noches Árabes, hicieron volar su imaginación.

Ha publicado: A lo Largo de las Estatuas de Octubre, Colección Escala de Jacob.

Vive a orillas de los Farallones, esas montañas que René Magritte le regaló a Cali para que fuera más hermosa, allí comparte una casa de campo con queridos amigos, se dedica a los atardeceres, sus gatos y a escribir unos poemas extrañamente metafísicos.

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