Como llama que se eleva: Antología de mujeres poetas del Caribe colombiano

Autor: 
Hernán Vargascarreño
Número: 
Sección: 

Como llama que se eleva -Antología de mujeres poetas del Caribe colombiano-, Funación literaria Exilio, Bogotá, abril de 2017.


Recorrer el mapa poético del Caribe colombiano centrándose en la voz de la mujer, no solo es reconocer la diversidad de herencias que han amalgamado a esta parte sustancial del país, sino también sopesar el aliento de la palabra que se niega a callar y que levanta sus banderas para instaurar una fiesta donde todo goce promulgue las libertades que bien sabemos han nacido mejor desde la voz de una mujer. África, Oriente Medio, España y la Colombia indígena, son básicamente las sangres que al unirse en la costa Caribe colombiana siguen cantando en la voz de una sola mujer que se sabe portadora de la luz de la vida, del ritmo que se precisa para ondular sobre la tierra, de la música que llama desde el mar, la sabana, el río y la ciénaga, es decir desde el palpitar de un pueblo que al igual que sus alegrías también sabe cantar sus tristezas.

Hernán Vargas Careño  antologador


Anna Francisca Rodas Iglesias

Supe de ti

a Enrique De Santiago

viajas en mi sangre, y es pronta y es nunca la siniestra estocada
que erigen los peces contracorriente del instinto

De ti, abrazo candente cual marca de hierro que nos identifica

El peso de la sombra esquiva un negro paraguas no apto para
el colmillo de la fiera

Tu existencia es otra geometría con un puñado de cristales para
romper la cordura

Sentada, sobre esta roca donde el agua juega y se estalla contra la
memoria,
el espiral repite,
se alimenta del nombre que no pronuncio

Supe de ti
con hilos de asombro vaciaste las cuencas de mis ojos
y de repente, como estela de resistencia,
mis palabras:

-Sueño cuidar la última flor del desierto
hasta que vuelvas.

Supe de ti
como rayo de luna que bebe al final de la copa
con el mar impreciso del amanecer y su génesis hecho fuga
Como saben
del fuego y el himno iniciado ante las horas
de la nada que fuimos...


María Teresa Escobar De Andreis

Anatema

Así llaman con fúnebre acento
desde el pulpito de las iglesias
a quienes no tienen a su dios en su corazón.
Desde su mundo embrutecido
desde su tenebrosa y superficial creencia
desde la oscura cárcel donde viven aprisionados
desde su fe implacable.
mi corazón es un templo
sostenido por los pilares del cuerpo
con espíritu profundamente religioso
materia sin remordimientos
en el que habita un dios sereno.
Templo de alma sana y fuerte, muy fuerte.
que no se deja confundir
con el inagotable cantar de los cantares
ni asfixiar con el penetrante aroma del incienso
Un aposento puro que se agita, excita y vive
desde el que consumo amor del amor
único oasis del que a raudales bebo
 su sangre como el mejor vino de dios


Carmen Peña Visbal

Vallenato para tu piel

'Que viva el vallenato', dices.
La voz clama por el amor perdido
y el acordeón deja una lágrima
en noches de cerveza y ron.

Te digo, claro, sin decirlo,
que vallenato es tristeza del alma,
que la guacharaca rasga suspiros
y el acordeón lamentos tardíos.

Mientras tu cuerpo danza-danza
te sumes en sonidos y cantos,
una tambora convoca
extraña comprensión
del no ser siendo.

¡Ay, hombe!,
deja que las estrellas
brillen sin respuesta cierta,
y que el agua fluya
aun cuando bailes a solas
en el rincón de las nostalgias.


Hortencia Naizara Rodríguez

El insomnio del poeta

Me llega una luz roja desde la puerta del baño
y desahoga su rabia en la liviana tela de mi bata de dormir
Esta noche la fiebre se alimenta de humedad y
la inocencia ha roto mis ojos
Un dolor de ciudad triste me visita
y escapo para ver la puerta que se abre
el milagro del alba habitada.

Mi camino azul es un extraño túnel
que acontece para embargar a la noche
Podría ocurrir que un intruso
haya atrapado al fin
los alfileres que me levantan en las sombras.


Lauren Mendinueta

Mayéutica

El mundo sugiere.
No espero la visita de la musa,
voy por ella, la traigo de la mano.
Los que me conocen
dicen que la mía es una vida triste.
Pretender pasar las horas con una desconocida
discutiendo, discutiendo.
No pueden imaginar cuánto prefiero
su hiriente compañía,
el argumento casi siempre contrario,
la sarcástica sonrisa triunfadora
al dominio común de todos ellos.
Mis simpáticos amigos
dicen también que mi figura da pena
cuando a cualquier hora y de cualquier manera
salgo a buscar la escurridiza musa,
y vuelvo sola y se me oye inventar monólogos
que imitan sin gracia al diálogo.
Pero después de cada fracaso pienso:
Mañana volveré a buscarla,
si tengo suerte
ella traerá su arpa y entre discurso y discurso,
tocará para mí una música espléndida.


Margarita Escobar De Andreis

El olvido donde nací

¿A dónde puedo ir con esta estrella sin luz
con estas palabras rotas y las alas cortadas?
¿A dónde iré con este claroscuro
que oficia ceremonias silenciosas
y solo ilumina la ruta
con la luz de una luciérnaga?

Tal vez a desandar el camino
a escuchar el rastro de voces
a resucitar imágenes ciegas
a restaurar palabras borrosas
que se desbarataron con la brisa.

A cambiar el rumbo a la memoria
para que trace una vía lenta
donde los sueños vuelen asombrados
hacia el olvido donde nací
hacia el suelo donde mi cuerpo
recuerda.